La carne vacuna argentina atraviesa un escenario de precios internacionales atractivos, pero con obstáculos que impiden aprovecharlo del todo. Así lo describió Gustavo Quirelli, del frigorífico Recreo, una exportadora de Santa Fe que participa de la SIAL de París junto a otras firmas del sector en busca de nuevos clientes.
El directivo señaló que los valores que paga China son hoy muy buenos, comparables con los de 2019. El problema no está en la demanda sino en el abastecimiento: conseguir la materia prima se volvió una tarea difícil.
"Hay poca oferta de vacas y su precio aumentó mucho", afirmó Quirelli.
El negocio de la vaca y el dólar
Mientras las categorías que se destinan al consumo interno retroceden y el novillo de exportación se mantiene sin grandes cambios, las vacas siguen subiendo. La menor oferta se explica por la retención que hicieron los ganaderos, que derivó en una caída de la faena.
A eso se suma la cuestión cambiaria. Según la evaluación del exportador, el tipo de cambio estabilizado de los últimos meses juega en contra porque los costos no dejan de crecer.
"Tenemos un dólar estabilizado desde hace tres meses, y eso no está bueno, ya que los costos siguen aumentando", sostuvo.
El resultado es que este año no se completaría el cupo de carne que otorga China, pese a que la demanda existe. La explicación que dio Mario Ravettino apunta en la misma dirección: falta hacienda y competitividad.
Europa, un mercado con otra lógica
El Viejo Continente muestra un comportamiento distinto. Los cortes de mayor valor del cuarto trasero, conocidos como Rump and Loin, llegaron a cotizar cerca de 21.000 dólares por tonelada y luego se corrigieron, aunque la demanda sigue siendo interesante para el cierre del año.
La salida comercial también abre oportunidades para los exportadores argentinos en la cuota Hilton y en los embarques de carne enfriada y congelada. Para Quirelli, las ventajas del país cambian según el destino: en Europa pesa la calidad y el posicionamiento de los cortes premium.
En Estados Unidos y Asia, en cambio, el desafío es otro. Esos consumidores buscan carne con mayor infiltración de grasa, el marbling, y animales terminados durante más tiempo a corral.
"Argentina está todavía trabajando para producir la carne que esos mercados demandan", explicó.
Más kilos y mejor competitividad
El camino que plantea el empresario pasa por aumentar la producción de animales pesados y terminados a grano. Destacó que el peso de faena viene subiendo y que crece la hacienda de encierre en los feedlots, aunque advirtió que eso debe sostenerse con incentivos económicos que cierren para criadores y engordadores.
La competitividad frente a Brasil es otro punto de preocupación. Quirelli lo resumió como un problema de inflación en dólares o de dólar atrasado, y en cualquiera de los dos casos la posición argentina queda débil.
Sobre el acuerdo Mercosur-Unión Europea, señaló que ya empezó a tener efectos comerciales, aunque con limitaciones. La cuota adicional con un arancel del 7% exige negociaciones entre exportadores e importadores para definir cómo se reparte el beneficio, mientras que la eliminación del arancel para la cuota Hilton sí permitió mejorar los valores de los cortes alcanzados.
El directivo también puso el foco en el reglamento europeo contra la deforestación, cuya aplicación puede condicionar el acceso al mercado si no se resuelven los requisitos pendientes.