Maximo Kirchner y Axel Kicillof intensificaron su disputa por la conducción del peronismo en la provincia de Buenos Aires, una confrontación que se centra en quién define las listas electorales y en la influencia de Cristina Fernández de Kirchner.
Orígenes de la pelea
El analista político y escritor Martín Rodríguez explicó que el conflicto no sigue el molde clásico de las internas peronistas, sino que se trata de una lucha más reducida y personal dentro del kirchnerismo. No hay diferencias de programa ni de visión económica; el desencuentro se reduce a quién dirige y quién decide los acuerdos internos.
"No se trata de una discusión de políticas, sino de quién lleva la batuta en la provincia", señaló Rodríguez.
Control de candidaturas y la figura de Cristina Fernández
Según Rodríguez, ambos dirigentes comparten gran parte de su trayectoria, pero divergen en la forma de ejercer el liderazgo. En este escenario, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner mantiene un papel decisivo como electora y organizadora de los candidatos. La disputa se resume en la llamada "lapicera", símbolo del poder para elegir nombres.
"Cristina sigue marcando la pauta desde el Instituto Patria y San José 1111", indicó el analista.
Otros actores en el mapa interno
Rodríguez ubicó a Sergio Massa como la última figura con una disidencia peronista significativa en la provincia. Massa emergió en 2013 con el Frente Renovador, enfocándose en temas de seguridad y reforma tributaria, y luego pasó a desempeñar un rol de articulador político dentro del peronismo metropolitano.
En conjunto, la pelea entre Maximo Kirchner y Axel Kicillof muestra una interna menos ideológica y más centrada en la gestión de la estructura partidaria, en un contexto nacional dominado por el gobierno de Javier Milei y la volatilidad del dólar.