Kazuo Hirai, el hombre que estuvo al frente de PlayStation, reconoció que durante su gestión hacía caso omiso a las directivas de la sede central de Sony. La confesión la hizo en una entrevista con Nikkei XTrend, donde explicó que su prioridad era preservar la independencia del negocio de consolas.
"Cuando era presidente de Sony Computer Entertainment y gestionaba el negocio de consolas de sobremesa de PlayStation, cada vez que Howard Stringer y los demás ejecutivos me decían esto o aquello, yo me iba por mi propio camino diciendo: 'Lo que diga la sede central es irrelevante. Somos PlayStation'", relató Hirai.
Una división que se manejaba sola
La división de videojuegos operaba con un margen de autonomía dentro de Sony. Hirai aprovechó esa libertad para tomar decisiones sin la interferencia de la estructura corporativa. Esa lógica guió su conducción durante los años en que se lanzaron PS3, PS4 y PlayStation Vita.
La desconfianza interna fue uno de los primeros escollos que debió sortear. El ejecutivo recordó que muchos empleados se preguntaban: "¿Cuándo nos va a quitar el suelo de bajo los pies?" o "¿Quizá es de los que se cuelgan el mérito y culpan a sus subordinados de los fallos?".
Para Hirai, recuperar la confianza del personal era clave para sacar a la compañía adelante. "Sin respeto, nadie va a pensar: '¡Vamos a trabajar duro juntos!'", sostuvo.
De la crisis de PS3 a la remontada
Hirai asumió el mando de PlayStation en 2006, en medio del costoso y problemático lanzamiento de la PS3. Lejos de rendirse, encabezó una de las mayores recuperaciones de la industria: reestructuró los costos del hardware, lanzó el modelo PS Plus y apostó a un catálogo exclusivo que terminó superando en ventas globales a la Xbox 360.
Con esa misma visión de hardware premium, respaldó la llegada de PS Vita, una consola portátil que, pese a la presión del mercado móvil, se volvió un objeto de culto por su pantalla OLED y su integración portátil.
Esa etapa le sirvió como banco de pruebas para definir su filosofía: el hardware debía ser amigable para los desarrolladores y estar centrado en el jugador. Esa premisa marcó el desarrollo de PS4, que combinó la potencia de la nueva consola, la experiencia en red perfeccionada en PS3 y el ecosistema interconectado con PS Vita mediante el juego remoto. El resultado: Sony volvió al trono del videojuego.
Un ejecutivo que venía del entretenimiento
Hirai había ingresado a CBS/Sony en 1984, atraído por la música y beneficiado por su dominio bilingüe del inglés. Su infancia transcurrió entre Tokio, Nueva York y Toronto, una experiencia que lo orientó hacia el entretenimiento y le dejó un rechazo visceral por la burocracia corporativa.
Cuando asumió la conducción general de Sony, aplicó esa misma autonomía con el plan One Sony. La estrategia incluyó recortar divisiones históricas que generaban pérdidas, como la de computadoras VAIO, y redefinir el negocio de televisores. Los recursos se concentraron en tres áreas: sensores de imagen, música y el ecosistema PlayStation. Esa reorientación devolvió la rentabilidad y el prestigio a la marca.
Durante sus seis años al frente de Sony, Hirai viajó a más de 20 países y recorrió cerca de 50 ciudades. Visitó oficinas y fábricas, y regresó varias veces a algunas de ellas. Esa presencia sorprendía a los operarios de las líneas de producción.
La reorganización se articuló alrededor de KANDO, un concepto japonés que alude a la creación de experiencias emocionalmente conmovedoras. Esa filosofía buscó unificar la cultura interna de Sony y acompañó la transición hacia la etapa de PlayStation 4.