El gobierno de Irán respondió con dureza al informe de la relatora especial de Naciones Unidas Mai Sato y acusó al mecanismo de derechos humanos del organismo de intentar "encubrir" las agresiones de Estados Unidos e Israel. La réplica llegó en medio de la guerra en Medio Oriente y después de que la funcionaria advirtiera sobre la situación de la población civil iraní.

Sato había señalado que los habitantes quedaron atrapados entre la "agresión externa" y la "represión interna". Su diagnóstico incluyó denuncias de ejecuciones arbitrarias, acusaciones de espionaje contra manifestantes y un corte prolongado de las telecomunicaciones.

Qué denunció la relatora

El informe de la relatora especial puso el foco en cómo el conflicto regional se combina con el control interno. Según su lectura, la ciudadanía iraní enfrenta dos frentes al mismo tiempo: los ataques desde el exterior y la persecución dentro del país.

Entre los puntos más sensibles, Sato mencionó las ejecuciones arbitrarias y los cargos de espionaje dirigidos a personas que participaron de protestas. También advirtió por la interrupción extendida de las comunicaciones, un factor que dificulta el acceso a la información y el contacto con el exterior.

La respuesta de Teherán

El gobierno iraní no aceptó las conclusiones y redirigió las críticas hacia Washington y Tel Aviv. Sostiene que el mecanismo de la ONU intenta ocultar las acciones militares de esos dos países en el marco del conflicto.

La disputa diplomática se suma a la escalada regional y deja a Irán en una posición de confrontación con el organismo que monitorea derechos humanos. Hasta el momento, no trascendió si habrá una respuesta formal de Naciones Unidas a las acusaciones de Teherán.