Israel celebrará elecciones parlamentarias en octubre de 2024, una fecha que definirá si Benjamín Netanyahu continúa al frente del Likud o si la oposición liderada por Gadi Eisenkot logra imponerse. El escenario está marcado por la consolidación de la derecha y la ausencia de una alternativa clara para el conflicto con los palestinos.

El legado de Netanyahu y la deriva a la derecha

Durante tres décadas, Netanyahu ha reconfigurado el espectro político israelí, desplazando el centro hacia posturas más nacionalistas. Aunque su capacidad de adaptación ha sido notable, el principal legado es la normalización de la extrema derecha dentro del gobierno.

Bloqueo del sistema electoral y exclusión árabe

El sistema de representación proporcional exige 61 diputados para formar gobierno, pero ningún bloque alcanza esa cifra por sí solo. Los partidos árabes, que representan alrededor del 20% de la población, poseen entre 10 y 15 escaños, pero tanto la coalición de Netanyahu como la oposición se niegan a incluirlos.

"Hoy, debido al sistema electoral, ni el bloque de Netanyahu ni la oposición pueden formar gobierno sin alianzas, y ambos descartan a los partidos árabes", explicó Mario Sznajder, doctor en Ciencia Política.

Esta situación genera un “veto” implícito que paraliza la formación de una mayoría estable y empuja a los líderes a buscar socios más radicales.

Perspectivas de los partidos ultra‑nacionales

Ante la falta de mayorías, Netanyahu recurre a alianzas con formaciones como Poder Judío, liderado por Itamar Ben Gvir, y Sionismo Religioso, encabezado por Bezalel Smotrich. Ambos partidos promueven la expansión de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén Este, reforzando la tendencia a institucionalizar la ocupación.

Qué se espera después de la votación

Si la derecha logra consolidar una coalición, es probable que continúe la política de no revertir los asentamientos y de rechazar iniciativas de paz impulsadas por Estados Unidos. En caso de una victoria de la oposición, la ausencia de alianzas con los partidos árabes podría igualmente obligar a incluir a los grupos ultra‑nacionales para alcanzar la mayoría.

El próximo paso será la negociación de acuerdos de gobierno, un proceso que, según los analistas, podría extenderse semanas o meses tras la jornada electoral.