Cuando Soledad Pastorutti entonó “Brindis” en el homenaje a Lionel Messi en el estadio de River, sobre sus hombros descansaba algo más que una bandera: era un poncho celeste y blanco confeccionado íntegramente a mano en Belén, Catamarca. Detrás de esa prenda está el trabajo de Graciela Carrasco, su marido Ramón Baigorría y sus hijos, el taller familiar Rua Chaky, que en quichua significa “hecho a mano”.

La artesana venía de participar del encuentro anual de Mujeres de la Ruralidad en Mar del Plata, donde contó cómo se gestó ese diseño que acumula nombres: poncho argentino, del Bicentenario o de la Selección. Para ella y los suyos, en cambio, siempre fue “nuestro poncho”.

Un oficio que arranca con la lana

En el taller no se parte de una tela para estamparle un dibujo. El recorrido empieza con la fibra virgen y pasa por el hilado, el teñido, el tejido y los bordados. “Hacemos todo el trabajo desde el hilado, el teñido, el tejido. Todo, todo el trabajo de la familia”, resumió Graciela.

La tradición proviene de la familia de su esposo y ya suma cinco generaciones. El dato que más celebra es que la cadena no se corte: “Tenemos la suerte de que mis hijos también siguen este lindo oficio”.

El soporte es un telar rústico de cuatro horcones, como lo describe la propia artesana. La materia prima principal es lana de oveja, aunque también trabajan fibra de llama y, de vez en cuando, de vicuña, que escasea. Para los colores apelan a tintes naturales: índigo o añil para los azules y celestes, cáscara de cebolla para el amarillo del sol. Ese sol, además, se borda a mano en una etapa aparte.

Malvinas, un motivo que se multiplicó

La familia ya tenía diseños con las Islas Malvinas mucho antes de que los jugadores desplegaran la bandera con el reclamo de soberanía tras el partido contra Inglaterra. “Hacemos de un lado el sol y del otro lado las Malvinas”, contó Graciela, que reconoció un salto en los pedidos con ese motivo después de aquel episodio.

El origen del poncho bandera fue una invitación a desfilar en Plaza de Mayo, inspirada en la enseña nacional. Desde entonces el diseño circuló y llegó cada vez más lejos de Belén. “Por suerte lo ves en todos lados. Está en todas partes del mundo”, dijo la artesana sobre la prenda que lució la Sole.

Cuánto tiempo lleva

Confeccionar un poncho de estas características insume entre 15 y 18 días, con jornadas extensas de dedicación. Es un plazo que cuesta imaginar cuando la prenda ya está terminada sobre los hombros de alguien. El hilado, los tintes, el telar y el bordado se reparten en un grupo familiar que convirtió el oficio en sustento y en forma de vida: “Es algo que nos gusta. No nos cansa y es nuestra forma de vida”.

Belén sostiene así una tradición textil de larga data, que se transmite de generación en generación y que, gracias a una aparición televisada en el Monumental, volvió a quedar en el centro de la escena.