La ingeniera agrónoma Fernanda González Sanjuán, especializada en fertilidad de suelos y nutrientes, trabaja desde hace años en la asociación civil Fertilizar. Desde ese lugar suele hablar de rendimientos y reposición de nutrientes. Pero cuando la consultan sobre si alcanza con producir más, la respuesta no es automática: primero pregunta "¿a costa de qué?".
Su planteo no apunta a frenar la búsqueda de mejores cosechas. Ella misma menciona el crecimiento vertical, es decir, obtener más granos en la misma superficie. La objeción es otra: que la solución al problema del hambre se busque siempre del mismo lado, en la producción, y no en la distribución.
Producir no es repartir
González Sanjuán sostiene que el mandato de alimentar a una población creciente con recursos que se agotan es real. Sin embargo, advierte que ese esfuerzo no garantiza que la comida llegue a todos. Por eso propone abrir el debate profesional a otros actores.
"Necesitamos los agrónomos sentarnos con la otra parte que cumple un rol estratégico, que es la distribución de la comida", planteó.
La agrónoma lo resume con una frase directa: "Yo quiero que todo el mundo pueda comer. Pero claramente no lo voy a poder resolver sola, produciendo". En el mundo, buena parte de los alimentos se desperdicia mientras la hambruna afecta a casi 700 millones de personas, según el contexto que ella misma menciona.
El sistema también tiene un techo
Hay una razón técnica detrás de la inquietud. Exigir más producción implica exigirle más al sistema, y los agrónomos administran dos recursos finitos: agua y suelo. La posibilidad de sostener ese aumento depende de que los suelos sigan funcionando en el tiempo.
"La idea no es exigir un sistema y bloquearlo y dejarlo seco", advirtió.
Honestidad y generosidad, las condiciones que pide
En la entrevista, González Sanjuán también puso el foco en la conducta profesional. Para ella, la honestidad intelectual no depende del título: "Hay honestidad intelectual o no la hay en cualquier rubro", afirmó, sin distinguir entre agrónomos y periodistas.
A eso le sumó la generosidad intelectual, un rasgo que considera habitual en su rubro. Los resultados de un ensayo no deberían quedar en manos de quien los obtuvo, sino circular para que otros investigadores los continúen. "Lo que queda escondido en un cajón no le sirve a nadie, ni tampoco le sirvió al que lo hizo", sostuvo.
Su recorrido laboral, contó, la cruzó con más buenos profesionales que con colegas con los que no se identificaba. Y repite ante sus hijos, de 22 y 18 años, que si volviera a nacer elegiría otra vez la agronomía.