En la puna de Catamarca, a unos 18 kilómetros de la ruta provincial 43 por el camino que sube hacia Antofagasta de la Sierra, está Laguna Blanca. Allí, un grupo de mujeres rurales convirtió a las vicuñas que cruzan libres el poblado en el centro de un oficio: la esquila comunitaria y el tejido artesanal de su fibra. La cooperativa de artesanos local reúne a 75 personas, en su mayoría mujeres, y ese trabajo es hoy una fuente de ingresos para varias familias del lugar.

Un animal que se cuida y se esquila sin dañarlo

El método que sostiene la actividad se llama chaku: el encierro de camélidos silvestres para esquilarlos y devolverlos luego a su hábitat. La cooperativa impulsa estas jornadas, que se organizan entre octubre y noviembre, cuando el calor aprieta y los animales se acercan a beber a las aguadas dentro de los módulos de captura, los espacios alambrados que la comunidad prepara.

El operativo demanda varios días y la participación de toda la organización. Anita Suárez, nacida y criada en Laguna Blanca e integrante de la cooperativa, lo describió así: "Nos juntamos temprano todos los que somos de la cooperativa. A las cinco o seis empezamos el arreo". Con mangas conducen a las vicuñas hacia el sitio de esquila; según la jornada, pueden reunir 70, 100, 150 o 200 animales. Después de quitarles la fibra, los liberan, mientras las autoridades sanitarias y ambientales controlan su estado.

De la caza furtiva al certificado de origen

Detrás de esa rutina hay una historia de organización. Suárez recordó que hace unos 25 años la caza furtiva era un problema serio en la zona. La posibilidad de aprovechar la fibra de animales vivos y comercializarla con documentación fue, según ella, una conquista del trabajo conjunto entre las organizaciones, la comunidad y las autoridades.

Hoy cada fibra lleva certificados que permiten saber de qué módulo provino y en qué año se obtuvo. Ese sistema busca darle valor al animal vivo y convertir su cuidado en una actividad económica.

Prendas sin mezcla y con precio propio

La segunda etapa ocurre en las casas y los talleres, donde la fibra se convierte en prendas con saberes que pasan de generación en generación. "Es una artesanía nuestra que nosotros fabricamos en toda la familia", contó Suárez durante un congreso de Mujeres de la Ruralidad realizado en Mar del Plata. Y agregó: "Es la subsistencia para nosotros, para nuestro pueblo, para nuestras familias".

La artesana aclaró que no hay proceso industrial en el medio: "Lo que van a encontrar en nuestro pueblo es todo artesanal, realizado con fibra de vicuña 100%. No es mezcla con algodón y con seda". Por eso, cuando invita a comprar, explica el precio elevado de cada pieza. "Tiene su precio porque es única y es hecha artesanalmente", resumió.

Las prendas se ofrecen en el local de la cooperativa a los turistas que llegan hasta Laguna Blanca. Para Anita, el punto de partida de cualquier visita es la laguna que da nombre al pueblo, que en verano recibe más agua y se llena de flamencos y patos. Las vicuñas, que se acercan tranquilas porque nadie las agrede, son parte del paisaje y también del sustento de la comunidad.