El 16 de noviembre de 2026 el Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) llevará a cabo una votación secreta para designar al Director General que encabezará el organismo en el periodo 2027-2032. Los aspirantes oficializados son el actual dirigente Gilbert F. Houngbo (Togo), la ministra española de Trabajo Yolanda Díaz Pérez y el peruano Javier González-Olaechea Franco.

Desafíos estructurales

Fundada en 1919 tras el Tratado de Versalles, la OIT agrupa a 187 Estados miembros bajo un modelo de gobernanza tripartita que incluye gobiernos, sindicatos y empleadores. Durante el siglo XX la entidad impulsó la jornada de ocho horas, la Declaración de Filadelfia y convenios sobre libertad sindical e igualdad salarial, entre otros logros. Sin embargo, el crecimiento de la informalidad y el desempleo ha dejado obsoleta esa arquitectura institucional.

"Cuando la masa de trabajadores sin registro ni empleo aumenta, los salarios formales se precarizan y las presiones patronales crecen", señaló un analista del sector.

Riesgos emergentes y agenda de seguridad

La OIT ha identificado cinco grupos de peligros nuevos que afectan al mundo del trabajo: cambio climático, digitalización e inteligencia artificial, riesgos psicosociales y salud mental, nuevas formas de empleo (teletrabajo, plataformas digitales, modelo híbrido) y transición ecológica. En respuesta, la organización lanzó la Estrategia Global en Seguridad y Salud en el Trabajo 2024-2030, que busca actualizar normas y guías para enfrentar tanto los riesgos tradicionales como los emergentes.

Carrera por la dirección

El actual director, Gilbert Houngbo, quien asumió en 2022 como el primer líder africano de la OIT, busca la reelección y ha centrado su gestión en la creación de la Coalición Mundial por la Justicia Social. Por su parte, Yolanda Díaz propone reforzar la protección tradicional de los derechos laborales, mientras que Javier González-Olaechea representa una visión latinoamericana enfocada en la inclusión de trabajadores informales y autónomos.

El resultado de la votación determinará la capacidad de la OIT para adaptar su estructura a la digitalización, la automatización y la creciente precariedad laboral, desafíos que se intensificarán en los próximos años.