Un silo de maíz puede estar bien armado y, aun así, salir caro dos veces. El veterinario uruguayo Juan Gerónimo Minutti, asesor técnico de Agrifirm Uruguay, presentó en el último Congreso Argentino de Forrajes un análisis de siete campañas seguidas, desde 2019/20 hasta 2025/26, sobre la evolución del almidón en los silos de maíz. El almidón es la principal fuente de energía de esa reserva forrajera y su nivel cambia según el cultivo y según cómo se lo maneje.
Clima sí, pero no es el único factor
Minutti señaló que las lluvias tienen una relación directa con los resultados y recordó que buena parte de la producción uruguaya se hace en secano. Aun así, puso el acento en una variable que productores, asesores y contratistas pueden controlar: el momento de la cosecha.
"Cuando hacemos silos con materia seca muy baja, también repercute en el porcentaje de almidón", dijo Minutti.
El técnico explicó que trabajar dentro de rangos óptimos de materia seca suele permitir niveles de almidón que aportan más energía al sistema.
El costo que aparece después
El impacto no es solo nutricional. Si el silo queda con poco almidón, la dieta debe completarse con otros ingredientes energéticos y ahí llega el segundo gasto.
"Es un costo por doble lado, porque hacemos un silo con bajo nivel de almidón y tenemos que andar comprando maíz", resumió.
Primero se invierte en implantar y confeccionar la reserva. Si el resultado queda por debajo de lo esperado, después hay que volver a poner dinero para cerrar la dieta del rodeo.
Por qué se adelanta la picada
Según Minutti, las decisiones apuradas suelen aparecer con el calor, cuando el cultivo muestra estrés, cuando un vecino empieza a picar o cuando existe el temor de que el contratista llegue tarde. Esas situaciones empujan a confeccionar el silo antes del punto conveniente.
"Si hubiera asesoramiento correcto o consulta a quien corresponda, seguramente se podrían tomar buenas decisiones", afirmó. "Malas decisiones nos va a pegar en el bolsillo".
La referencia 35, 35, 35
Sin tomarlo como una receta fija, el especialista propuso una guía simple: apuntar a cerca de 35% de materia seca, 35% de almidón y 35% de FDN, la fibra detergente neutro. No siempre se alcanza, porque el clima desarma planes y los parámetros no evolucionan todos al mismo ritmo, pero sirve como referencia para que una reserva costosa no termine aportando menos energía de la que podría.
Minutti también observó una mayor búsqueda de asesoramiento entre los productores uruguayos. Ese apoyo llega, según detalló, desde empresas de nutrición, desde quienes trabajan con inoculantes y hasta desde los propios contratistas.