Dos jóvenes de la localidad cordobesa de Marull decidieron transformar su vínculo de toda la vida en una sociedad comercial. Se trata de Agustín Fraire (27) y Alejo Cavallo (22), quienes a comienzos de 2026 formalizaron CaFra, un emprendimiento de tecnología aplicada al agro (AgTech) que busca profesionalizar y modernizar la gestión de las explotaciones rurales.

La propuesta combina el conocimiento del campo con herramientas digitales. Fraire es licenciado en administración de empresas y desde hace seis años trabaja en la gerencia de un establecimiento agropecuario de su pueblo. Cavallo, en tanto, está por recibirse de programador en Tucumán y proviene de una familia ligada a la producción agropecuaria.

El origen de la sociedad

La idea surgió de las charlas informales entre ambos. "Siempre que nos juntábamos Agustín comentaba de algunos temas que surgían de su trabajo en el campo. Yo lo escuchaba e iba imaginando cómo aplicar algunas cosas que venía trabajando en la facultad", recordó Cavallo en diálogo con Bichos de Campo.

Fraire aportó la detección de necesidades concretas del sector, mientras que Cavallo sumó los conceptos tecnológicos. "Yo tenía una necesidad y Ale tenía los medios, las ideas. Así, comenzamos a trabajarlo, y nos dimos cuenta de que tenía potencialidad de negocio y arrancamos", amplió Fraire.

Dos unidades de negocio

CaFra se estructura en dos áreas. Por un lado, ofrece asesoramiento con el valor agregado de la aplicación y la automatización. Por el otro, desarrolla aplicaciones ya operativas que se adaptan a los requerimientos de cada cliente.

"En la parte de la aplicación que aporta la automatización, lo que buscamos es escala, que ese profesional llegue a más clientes optimizando su estructura operativa", explicó Cavallo.

La empresa busca diferenciarse de los softwares estándar que obligan al productor a adaptar sus rutinas a la plataforma. Según los fundadores, esa rigidez suele restar efectividad y claridad para tomar decisiones que mejoren la renta.

Un equipo que crece

Al proyecto se sumó un hermano menor de uno de los socios, de apenas 14 años, que colabora en las tareas. Los jóvenes sueñan con que su trabajo se expanda y pueda llegar a otros países.

"Pensar el agro como se piensa la industria es un gran desafío", sintetizaron los emprendedores, convencidos de que la profesionalización de la gestión es una cuenta pendiente en el sector.