Marcos Ormazabal cambió el aula por la pileta de cría. El profesor de Educación Física y técnico en Seguridad e Higiene dejó su trabajo en Neuquén para radicarse en El Bolsón, Río Negro, y dedicarse de lleno a un criadero de truchas que lleva más de seis décadas en la zona. El establecimiento, conocido como Criadero de Truchas Río Negro, está sobre el kilómetro 1924 de la ruta 40 y es el segundo de la provincia y el primero de la localidad.
El lugar fue diseñado originalmente por un suizo-alemán. Después pasó a manos de dueños de Buenos Aires que le dieron un perfil turístico. Hace 19 años, el padre y un tío de Marcos —comerciantes pesqueros de Neuquén con más de 60 años en el rubro— lo compraron cuando estaba abandonado, con la idea de usarlo para descansar. Así se convirtieron en los terceros propietarios.
Del incendio a la reconstrucción
La reactivación llegó en plena pospandemia, después de un gran incendio en Cuesta del Ternero. Marcos se instaló en el predio para reconstruirlo y poner en marcha la producción acuícola. Lo que encontró lo sorprendió: había visitantes que aguardaban en la tranquera para conocer el lugar y llevarse algún producto.
'Después de la pandemia, vinimos y nos dimos cuenta de que había gente que esperaba en la tranquera para conocer el lugar y llevarse algún producto. Ahí empezamos a ver el potencial', contó Marcos.
Su decisión de quedarse fue progresiva. Terminó el año escolar, aprovechó las vacaciones de diciembre para hacer la temporada y, al volver, renunció a la escuela. 'Yo estaba cansado de estar en Neuquén, tenía ganas de irme y probar otra cosa en otro lugar', relató sobre el momento en que su tío le propuso sumarse al proyecto.
Qué ofrece hoy el criadero
El establecimiento vende truchas frescas y ahumados, permite pescar dentro del predio y organiza visitas guiadas. Marcos se capacitó en producción y se especializó en alevines, las primeras etapas de la trucha, que son una de las instancias iniciales de comercialización.
El ciclo productivo varía según el destino del producto. Las ovas ojo y los alevines se venden a grandes productores del país, como Salmon Trout e Idris. La trucha de plato, de 300 a 350 gramos limpios, requiere entre 17 y 19 meses. Los filetes, de 300 a 800 gramos, se obtienen entre los dos años y los dos años y medio.
La producción se diversificó hacia clientes pequeños, restaurantes y chefs que buscan productos específicos. De esa relación con la gastronomía local surgió un eslogan nuevo: 'Trucha para dos'. La idea es que un filete alcance para dos platos y que una trucha completa pueda alimentar a cuatro personas.
Escala reducida y un objetivo de exportación
Hoy el criadero trabaja con una escala mucho menor a la de otras épocas. Producen entre 8.000 y 10.000 truchas anuales, lejos de los 700.000 a 800.000 ejemplares por año que llegaron a manejar cuando producían para otras empresas. Marcos decidió abandonar esa modalidad por los costos y por las experiencias previas.
En paralelo, la empresa inició gestiones ante el Senasa para exportar material genético, puntualmente ovas fecundadas. Según Marcos, se trata de un proceso que exige entre tres y cuatro años de desarrollo y preparación de reproductores.
El criadero combina así la venta directa, el turismo y la producción especializada en un predio que estuvo a punto de quedar en el olvido y que hoy vuelve a recibir visitantes sobre la ruta 40.