En Santa Cruz, un grupo de más de 60 productores ovinos dio un paso poco habitual en el sector: se asociaron para invertir en frigoríficos y así faenar y exportar su propia carne. Uno de ellos es César Guatti, criador de ovejas en la provincia, que participa de esa sociedad convencido de que la integración cambia las reglas del juego.

La iniciativa apunta a quedarse con una parte del negocio que históricamente quedaba en manos de terceros. En lugar de vender el animal en pie, los productores buscan procesarlo y colocar la carne en mercados externos.

Dos patas para sostenerse

El esquema productivo se apoya en dos fuentes de ingreso que se complementan: la lana y la carne. Esa combinación funciona como un amortiguador frente a las crisis del sector, porque cuando un mercado se complica, el otro ayuda a sostener la actividad.

Según la experiencia de Guatti, esa balanza entre ambos productos permite sobrevivir a los malos momentos y, al mismo tiempo, alimenta la expectativa de un nuevo ciclo de crecimiento para la ganadería ovina patagónica.

Una apuesta de largo plazo

La inversión en frigoríficos propios no es un movimiento menor para un sector acostumbrado a operar de forma individual. La sociedad de más de 60 productores implica coordinar decisiones, capital y logística para faenar y exportar.

El objetivo declarado es claro: llegar al mundo con carne ovina y capturar mayor valor en la cadena. Para los impulsores, la integración es la vía para dejar atrás la dependencia de intermediarios y ganar previsibilidad.

El futuro del negocio ovino patagónico dependerá de cómo evolucionen esos mercados externos y de la capacidad del grupo para sostener la inversión en el tiempo.