En 2026, más de 600 drones agrícolas operan en el norte argentino, realizando pulverización, siembra y fertilización; el ingeniero agrónomo Carlos Bermúdez señala que, tras un rápido crecimiento, el principal desafío es establecer un marco regulatorio adecuado.
Beneficios para los productores
Los equipos permiten aplicar insumos sin entrar al lote con maquinaria pesada, lo que evita el pisoteo de los cultivos y reduce costos. "Para el productor significa un rédito económico evitar el pisoteo de los cultivos y hacer la aplicación más eficiente", explicó Bermúdez.
Avances normativos
La Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) aprobó un régimen de operación de drones en 2025 y lo modificó en mayo de 2026 para flexibilizar condiciones rurales. Además, Tucumán promulgó una normativa específica este año para la aplicación de fitosanitarios con aeronaves no tripuladas.
"Como sucede con la mayoría de las tecnologías", señaló Bermúdez, "el sector debe cerrar filas entre profesionales, usuarios y legisladores para encontrar soluciones".
Usos en cultivos clave
En Salta, los drones sustituyen la pulverización manual en plantaciones de tabaco, reduciendo la exposición de los operarios al producto químico. En Tucumán, la altura de la caña de azúcar, que supera los tres metros, dificulta el acceso de maquinaria convencional; los drones logran cubrir esas áreas con precisión.
El crecimiento de la flota obliga a revisar continuamente las exigencias para los operadores y a actualizar la legislación, de modo que la innovación continúe sin comprometer la seguridad.