Una construcción de piedra ubicada en una meseta aislada de la cordillera mendocina, a más de 3.500 msnm, está siendo investigada por el equipo de ArqueoAndes, que plantea que podría tratarse de un centro ceremonial prehispánico o de un geoglifo.

El proyecto está bajo la dirección de la arqueóloga Cristina Prieto‑Olavarría, quien destacó que la forma y la ubicación del sitio permiten considerar distintas funciones a lo largo del tiempo.

"Su forma y ubicación, fuera de las rutas de tránsito conocidas, nos hacen pensar en múltiples funcionalidades", afirmó Prieto‑Olavarría.

El hallazgo fue inicialmente señalado por el andinista mendocino Carlos Gobbi, quien ahora colabora con la investigación.

Arquitectura y diseño singular

El co‑director Horacio Chiavazza explicó que la disposición de muros apilados, pasillos estrechos y áreas despejadas no corresponde a una vivienda permanente, en parte por la ausencia de fuentes de agua cercanas.

"No parece corresponder a un espacio destinado a una residencia permanente", señaló Chiavazza.

Los arqueólogos observaron superficies limpias de piedras con sedimentos finos y una tonalidad distinta, así como construcciones accesibles solo desde el conjunto circular principal y un posible canal empedrado que conectaría con una estructura menor.

Orientación astronómica

Una línea de trabajo del equipo consiste en estudiar la alineación de los ejes arquitectónicos para determinar si guardan relación con fenómenos celestes, como los solsticios, práctica documentada en otras construcciones andinas.

Próximos pasos

Se esperan excavaciones que permitan recuperar cerámicas y restos orgánicos, como carbón, para realizar dataciones y confirmar si el sitio pertenece a la época pre‑incaica o a períodos posteriores.

"No se descarta que sea un conjunto edificado antes del dominio del Tawantinsuyu", indicó Chiavazza, dejando abierta la posibilidad de una ocupación anterior a la expansión inca.