El sábado, a las 06:30 (hora local), Corea del Norte disparó desde la zona costera oriental de Wonsan un misil balístico que recorrió más de 700 kilómetros antes de impactar en el mar de Japón. El lanzamiento se produce en el contexto de una escalada tras la detonación de minas terrestres en la frontera, que causó heridas a tres miembros del ejército surcoreano.
Reacción de Seúl y Washington
El Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur confirmó la distancia del vuelo y anunció que sus fuerzas, junto a las de Estados Unidos, están evaluando los detalles técnicos del ensayo. > "Estamos analizando minuciosamente las características del proyectil", declaró un portavoz militar surcoreano. La oficina de seguridad nacional de Seúl instó a Pyongyang a detener "de inmediato" sus pruebas, calificándolas de violación a las sanciones de la ONU.
Posición de Tokio y de la familia Kim
Según informó el Ministerio de Defensa de Japón, el objeto que cayó en sus aguas "podría tratarse de un misil balístico" y recomendó precaución a la navegación local. > "Emitiremos actualizaciones tan pronto como dispongamos de más información", indicó el organismo en redes oficiales.
En la misma jornada, Kim Yo‑jong, hermana del líder norcoreano, desestimó las acusaciones surcoreanas sobre las minas y describió las exigencias de Seúl como "absolutamente patéticas". Añadió que Pyongyang busca cortar definitivamente los lazos con el Sur y rechazó cualquier responsabilidad por los incidentes fronterizos.
El presidente surcoreano, Lee Jae‑myung, reiteró que su gobierno mantendrá medidas para disminuir la tensión militar y solicitó a Corea del Norte que "restaurara el diálogo interrumpido". Lee recordó a los tres soldados heridos en la explosión de la DMZ y deseó su pronta recuperación, sin atribuir directamente la culpa a Pyongyang.
Las autoridades japonesas, surcoreanas y estadounidenses continúan el intercambio de información y refuerzan la vigilancia marítima ante la posibilidad de nuevos ensayos.