Los trabajadores e investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) se concentran en la sede del Polo Científico Tecnológico para exigir la prórroga de unas 400 becas posdoctorales que vencen sin definición oficial.
La protesta surge como una respuesta urgente ante la inminente pérdida de ingresos y continuidad de los investigadores posdoctorales, cuyos contratos y becas se encuentran en un limbo administrativo que el Gobierno nacional parece no tener intención de resolver.
La situación de los investigadores
La medida de fuerza coincide con una reunión clave del Directorio del organismo, considerada por las bases como una de las últimas oportunidades para destrabar un conflicto que amenaza con desmantelar líneas de investigación fundamentales. El núcleo del reclamo es concreto: se exige la prórroga inmediata de las becas hasta que se publiquen los resultados de la Convocatoria CICYT 2025.
El costo del ajuste
Para evitar la interrupción de estos trabajos, el sector científico estima que se requiere una partida presupuestaria de entre 2.000 y 3.000 millones de pesos, una cifra que, en términos macroeconómicos, resulta marginal. Sin embargo, la decisión final recae sobre la Jefatura de Gabinete que comanda Diego Santilli, quien recibió cartas abiertas de los afectados sin que hasta el momento se vislumbre una solución.
El conflicto en el contexto
El conflicto no es un hecho aislado, sino que se inscribe en un escenario de degradación generalizada de la ciencia en Argentina. El sector padece remuneraciones que perdieron drásticamente su poder adquisitivo, falta de presupuesto para el funcionamiento básico de los laboratorios y graves deficiencias en la cobertura de salud de los trabajadores. En este escenario, cinco de los ocho integrantes del Directorio del CONICET firmaron una declaración respaldando el pedido de los investigadores, el Poder Ejecutivo mantiene el cerrojo presupuestario.
La gestión de Javier Milei parece decidida a resistir la protesta social a fuerza de indiferencia y ajuste, poniendo en jaque el futuro del desarrollo nacional. El respaldo a los científicos crece desde universidades, centros internacionales y bloques opositores, mientras que la tensión ya derivó en episodios de violencia en las calles.