Un economista especializado en agroindustria advierte, en un informe publicado en 2026, que la Argentina está desaprovechando la tendencia alcista de la demanda global de soja, pese a que el país sigue siendo uno de los mayores exportadores.
Demanda mundial en expansión
Los mercados internacionales consumen cada vez más harina, aceite y biodiésel de soja, así como granos en bruto. La preferencia por los derivados se debe a que la industrialización en origen reduce costos de transporte al eliminar la humedad del grano. En Asia y en economías de ingresos medios y bajos, el consumo de carne está creciendo, lo que eleva la necesidad de proteína vegetal como insumo para la alimentación animal.
"La proteína de la soja es clave para la producción de carne en los países en desarrollo", señaló el autor del informe.
Calidad proteica en retroceso
El contenido de proteína del grano argentino ha disminuido de forma sostenida desde la campaña 1997/98 hasta la actualidad. Esa caída encarece la harina, limita el acceso a mercados exigentes y reduce el precio final que percibe el productor. La causa principal es genética: existe una correlación negativa entre rendimiento en kilos y calidad proteica. Además, la ausencia de garantías jurídicas para el cobro de regalías por genes modificados retrasa o cancela la introducción de nuevas semillas.
Impuestos que desincentivan la inversión
Las retenciones a la exportación representan el mayor obstáculo fiscal para el sector. Al encarecer la operación, obligan a los productores a recortar inversión en tecnología y a enfocarse en la subsistencia a corto plazo. La imprevisibilidad de las alícuotas agrava la incertidumbre y desalienta la inversión privada en investigación genética.
Perspectivas para el biodiésel
El biodiésel de soja se perfila como una alternativa estratégica frente a la dependencia de combustibles fósiles importados. Los conflictos en zonas petroleras y la correlación entre precios del crudo y los aceites vegetales generan un escenario favorable para su expansión. Sin embargo, la falta de mejora en la calidad del grano limita el potencial de este mercado.
En conclusión, la combinación de menor contenido proteico, limitaciones genéticas y una carga impositiva volátil impide que la Argentina capitalice la creciente demanda global de soja.