El papa León XIV recibió el miércoles 21 de octubre de 2026 una misiva de las universidades públicas de Argentina durante una audiencia general en la Ciudad del Vaticano, en la que se denuncian los recortes presupuestarios y la ausencia de aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario por parte del gobierno de Javier Milei.
La carta fue entregada por Franco Bartolacci, presidente del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y rector de la Universidad Nacional de Rosario, quien actuó como portavoz de la comunidad académica ante el Pontífice.
En el documento, de tres páginas, se señala que la falta de ejecución de la ley 27.795, aprobada por el Congreso, junto a los litigios judiciales que impiden su cumplimiento, compromete tanto la operatividad de las instituciones como el funcionamiento de la democracia.
La carta y sus reclamos
El texto advierte que el Gobierno decide qué normas respeta y qué sentencias ejecuta, lo que, según los autores, daña no solo el presupuesto universitario sino el propio contrato social.
"El Poder Ejecutivo, en una actitud sin precedentes, desconoce los otros dos poderes de la República", indica la carta.
Según el informe del CIN, la inversión en educación superior cayó a 0,47 % del PBI en 2026, una reducción respecto al promedio histórico de 0,74 % del PBI.
Implicancias políticas y la visita papal
La entrega se produjo seis días después de la quinta Marcha Federal Universitaria, celebrada el 15 de octubre, y un día después de que la Cámara Nacional de Apelaciones admitiera una apelación del Ejecutivo sobre una medida cautelar que afecta salarios y becas, lo que representa un avance procesal para el Gobierno sin resolver el fondo del conflicto.
"Fue un honor saludar al Papa León XIV y una responsabilidad entregarle este documento en nombre de todas las universidades públicas", declaró Bartolacci.
El mandatario del CIN explicó que la intención era informar al Pontífice antes de su visita oficial a la Argentina, programada para el 8 de noviembre, con la esperanza de que su presencia favorezca el diálogo en medio de la tensión política y económica.
La carta no generó compromisos inmediatos por parte del Papa, pero quedó como un gesto simbólico que pone de relieve la disputa entre el Ejecutivo y el sector universitario sobre la financiación de la educación superior.