La derrota de Flávio Bolsonaro en Brasil dejó a Javier Milei sin el socio internacional que esperaba para el tramo final de su mandato. El presidente argentino siguió la jornada en silencio desde la quinta de Olivos y el Gobierno evitó felicitar al ganador, Lula da Silva. La relación entre ambos ya venía rota desde hace tres años y todo indica que seguirá igual hasta 2027.
El vínculo entre los dos mandatarios nunca tuvo aceite. Milei apoyó sin matices la candidatura de Flávio Bolsonaro y lo hizo en persona, a fines de julio, en San Pablo. También asoció a Lula con el kirchnerismo y lo calificó de "corrupto" y "ladrón" en más de una oportunidad. Cada vez que lo cuestionaron por esas definiciones, el Presidente recordó el respaldo que el brasileño le dio a Sergio Massa cuando el entonces ministro de Economía competía por la sucesión de Alberto Fernández.
Un vínculo sin embajadores ni reuniones
La relación bilateral funciona hoy con un esquema mínimo. No hay embajadores en funciones, los presidentes evitan cruzarse y no existe coordinación política entre ambos gobiernos. Aun así, el intercambio económico no se detuvo y los dos países siguen trabajando en organismos compartidos. Esa convivencia de conveniencia podría mantenerse tal como está.
El resultado electoral cambió el escenario que el libertario y su entorno daban por descontado. Hace tres semanas, después de la primera vuelta, en el oficialismo argentino celebraban el triunfo de Bolsonaro y recordaban el respaldo presidencial al candidato. La reversión de anoche los tomó por sorpresa.
El festejo del peronismo
Del otro lado, la alegría fue inmediata. Los peronistas invitados al búnker de Lula empezaron a celebrar cuando la tendencia ya era irreversible. La marcha justicialista se mezcló con cánticos contra Milei y contra Donald Trump, a quien la militancia del PT vincula con el candidato derrotado.
"Axel ya está sacando el pasaje", afirmaban cerca del gobernador Axel Kicillof cuando el resultado en favor del PT era inamovible.
La felicitación de Cristina Kirchner se sumó rápido a la ola de mensajes. También celebró Cecilia Nicolini, asesora en temas internacionales enviada a San Pablo por Kicillof, que ve en el triunfo brasileño un impulso para sus propias ambiciones presidenciales.
La lectura que hace el Gobierno
En medio del desconcierto, en el oficialismo buscaron una explicación. Sostienen que la tendencia de derrota de los oficialismos que se verificó en varias elecciones presidenciales del continente no se repitió en las urnas brasileñas. De ahí deducen que no tiene por qué repetirse en los comicios argentinos de 2027.
La historia reciente entre Buenos Aires y Brasilia muestra más desencuentros que sintonías. Mauricio Macri tuvo buena relación con Michel Temer, aunque con poco margen de acción. Alberto Fernández alternó roces y desplantes con Jair Bolsonaro hasta un último tramo de alineamiento con Lula. La pelea entre Milei y el actual presidente brasileño es, hasta ahora, el punto más alto de esa serie.