Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos) y del Laboratorio Zhejiang (China) presentó Scentronic, una plataforma que combina sensores químicos e inteligencia artificial para capturar olores, transmitirlos por internet y recrearlos en un dispositivo remoto. El trabajo se publicó en la revista científica Science Advances y también incluye un simulador de gusto que amplía la experiencia hacia los sabores.
La propuesta apunta a un terreno que la tecnología digital todavía tenía pendiente: sumar el olfato y el gusto a las experiencias remotas. Reproducir estos sentidos es más complejo que enviar imagen o sonido, porque implica identificar sustancias químicas y liberarlas del otro lado de la conexión.
Dos módulos y una nube de por medio
El sistema funciona con dos partes conectadas a través de internet. La primera es una nariz electrónica equipada con seis sensores semiconductores de óxido metálico, capaces de registrar los compuestos orgánicos volátiles (COV) que desprenden alimentos y otras sustancias. Esos sensores detectan variaciones en las señales eléctricas al entrar en contacto con los gases.
Después, algoritmos de aprendizaje automático interpretan esos datos y reconocen patrones asociados a cada olor. En las pruebas de laboratorio, el sistema clasificó correctamente el 100 % de los patrones evaluados, siempre dentro de las condiciones controladas del estudio.
El segundo módulo recibe la información digital y la traduce en instrucciones para liberar la fragancia. Lo hace con actuadores piezoeléctricos miniaturizados que generan vibraciones ultrasónicas y atomizan pequeñas gotas de perfume almacenadas en depósitos líquidos.
Pulseras, collares y 65 milisegundos de demora
Para mostrar que la plataforma puede llevarse puesta, los investigadores armaron varios prototipos: una pulsera liviana con dos canales de olor, un dispositivo de mano con cinco canales y un collar que integra cinco módulos olfativos. Durante los ensayos, la transmisión por la nube registró una latencia media de 65 milisegundos, un tiempo que permite sincronizar la llegada de la orden con la liberación del aroma.
El circuito completo funciona así: un usuario detecta un olor en un lugar y envía la información a otro equipo ubicado a distancia. El receptor no recibe las moléculas originales, sino que reconstruye el aroma con las fragancias que tiene cargadas. Por eso, la variedad de olores que puede representar depende de las sustancias disponibles y de la precisión con la que el sistema logre combinarlas.
Del laboratorio a la consulta médica
Una de las aplicaciones que los investigadores destacan es la sanitaria. Con Scentronic, un paciente podría someterse a ciertas pruebas olfativas sin trasladarse a un centro médico, regulando la intensidad y las características del estímulo desde su casa. También se mencionan usos en realidad virtual y en la comunicación sensorial.
El desarrollo, sin embargo, todavía está en etapa experimental. Falta determinar cómo se comportaría la tecnología en productos de uso cotidiano y en entornos menos controlados que el laboratorio, donde las condiciones de temperatura, humedad y ventilación pueden alterar la lectura de los sensores.