Planificar unas vacaciones con inteligencia artificial dejó de ser una curiosidad. Plataformas como ChatGPT o Gemini ya se usan para armar itinerarios completos, comparar alojamientos y estimar gastos, y los especialistas coinciden en que pueden ahorrar horas de búsqueda. El problema surge cuando esas respuestas se toman como información confirmada.

Un estudio de InsureMyTrip puso a prueba a tres asistentes generativos con un viaje de lujo de siete días a Suiza para cuatro adultos, dos de ellos mayores de 60 años. El resultado incluyó restaurantes que no existen, tarifas por debajo de las reales y jornadas demasiado exigentes para las condiciones físicas de los viajeros.

"Pueden ser útiles para elaborar un itinerario bien estructurado, pero, al revisar los detalles con mayor detenimiento, comenzaron a aparecer imprecisiones", señaló Sara Boisvert, directora de marketing de la compañía.

Cuánto se usa y para qué

Los números muestran una adopción creciente. En Australia, el 28,8% de los viajeros adultos recurrió a la IA generativa para buscar promociones, consultar destinos o diseñar recorridos, según una encuesta de comparethemarket.com.au. Entre los viajeros de la generación Z, el porcentaje trepó al 30%, de acuerdo con el Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio de Australia (DFAT).

En Estados Unidos y Canadá, el 41% de los viajeros de ocio había usado estas herramientas para inspirarse o planificar en marzo de 2024, según Statista. Otra encuesta de GuideGeek indicó que más de uno de cada cinco viajeros las empleó para organizar o recibir asistencia durante un viaje en octubre de ese mismo año.

La utilidad principal está en procesar grandes volúmenes de información y ajustar la respuesta a un pedido concreto. Seden Dogan, profesora de la Universidad del Sur de Florida, explicó que ante una consulta sobre cinco días en Nueva York para una persona vegetariana que busca alojarse en el centro y moverse en transporte público, la IA puede armar "un itinerario personalizado minuto a minuto basado en las preferencias".

El riesgo de los datos inventados

El punto débil aparece con los detalles verificables. La IA puede dar por cierta una frecuencia de tren desactualizada, una condición de visado equivocada o la existencia de un hotel que ya cerró. El sitio Smartraveller, del gobierno australiano, advirtió sobre este tipo de fallas.

La escritora de viajes Lindsay Hindman contó que ChatGPT le aseguró que en su ciudad natal se podía escalar un monumento de 30 metros y hacer un crucero fluvial, dos actividades que no existían.

También hay un sesgo de visibilidad. Según expertos consultados por CNBC, las respuestas tienden a reproducir lo que más presencia digital acumula, lo que puede dejar afuera a comercios independientes y destinos con poca presencia en internet. Guy Llewellyn, profesor adjunto de la EHL Hospitality Business School de Singapur, planteó que muchos sistemas se entrenan con listas de los sitios más recomendados, un mecanismo que concentra la demanda en lugares ya masivos.

Cómo usarla sin caer en la trampa

Los especialistas recomiendan tratar la IA como un punto de partida y no como una fuente final. Para estimar gastos, reunir opciones de hoteles o armar listas de equipaje, las plataformas ofrecen una primera organización que después conviene contrastar con fuentes oficiales.

James Hills, editor de ManTripping, sostuvo que la IA puede responder mejor que muchos contactos de agencias porque se apoya en las indicaciones del usuario y no en productos que buscan promocionar. La diferencia está en el paso siguiente: confirmar horarios, precios y existencia de los lugares antes de reservar.