Retirar un sensor adherido al cuerpo puede ser tan delicado como colocarlo. En pieles frágiles, ese tirón deja marcas, irritaciones y hasta heridas. Un equipo de bioingenieros de Corea del Sur y Estados Unidos desarrolló un parche que se fija con fuerza y se despega sin dañar el tejido, según un estudio publicado en Nature Communications.

El trabajo, con sede en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Pohang, apunta a un problema cotidiano en hospitales: los sensores que miden respiración o latidos necesitan una sujeción sólida, pero las cintas tradicionales acumulan tensión al retirarse y arrancan capas superficiales de la piel. Los intentos previos con pegamentos reversibles dependían de solventes químicos que irritaban la superficie cutánea.

Cómo funciona el adhesivo que se desactiva con calor

La clave está en una lámina microscópica con figuras piramidales hechas de polímeros con memoria de forma. Son materiales programados para recuperar una geometría determinada cuando reciben un estímulo térmico moderado. En reposo, las pirámides quedan aplanadas y el parche se adhiere con firmeza.

Al momento de retirarlo, se aplica calor suave por encima de la temperatura de transición vítrea del polímero, el umbral en el que el material gana elasticidad y vuelve a su relieve original. Las pirámides emergen en segundos, reducen el área de contacto con la piel y abren bolsas de aire que permiten despegar la banda sin esfuerzo.

Los ensayos mecánicos mostraron que el sistema baja la energía de adhesión un 99%, sin perder estabilidad durante el monitoreo continuo. Con correlación digital de imágenes tridimensionales, una técnica óptica que registra deformaciones bajo la superficie, los investigadores comprobaron que el despegue no transmite tensiones nocivas a la dermis.

Pieles vulnerables, el objetivo principal

El desarrollo apunta a pacientes con tejidos especialmente sensibles: recién nacidos prematuros en terapia intensiva, adultos mayores y personas internadas en estado crítico. En esos casos, la fricción diaria de los apósitos puede provocar desgarros dérmicos y complicaciones mayores.

El material fue calibrado para mantenerse inerte y firme a temperatura corporal, de modo que los sensores no se desprendan solos con el movimiento. La transformación se activa solo cuando el personal aplica calor suave, sin molestias térmicas ni riesgos para la piel.

"Lo que diferencia a este desarrollo de las tecnologías adhesivas existentes es que cambia activamente sus propiedades mediante la microestructura de polímeros con memoria de forma", explicó Seok Kim, profesor de ingeniería mecánica en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Pohang, según el comunicado de prensa.
"Este trabajo es significativo porque controla las fuerzas mecánicas en la interfaz entre la piel y el dispositivo, en lugar de simplemente modificar el material adhesivo", afirmó Jin-Tae Kim, también profesor de ingeniería mecánica en la institución surcoreana.

El estudio se suma a una línea de investigación que busca reemplazar los adhesivos químicos por soluciones mecánicas en el ámbito sanitario. El próximo desafío será trasladar el dispositivo de las pruebas de laboratorio a las salas pediátricas y de cuidados intensivos, donde la piel de los pacientes es más vulnerable.