La historia de Enrique Rohde es la de un hombre que cambió su vida por completo. Después de años trabajando con tecnología y multinacionales, decidió seguir su pasión por el vino y crear su propia bodega en la Patagonia.

Un nuevo capítulo

En 17 hectáreas de viñedos en San Patricio del Chañar, Neuquén, Rohde y su esposa producen alrededor de 45.000 botellas de vino al año. La mitad de esta producción se exporta a países como Brasil, Perú, Estados Unidos y Europa.

'La idea de la bodega surgió cuando recibí una comunicación bancaria en Perú con mi apellido completo, Rohde Aicardi', cuenta Enrique Rohde.

La combinación perfecta

La estepa patagónica ofrece condiciones únicas para el cultivo de uvas. La baja humedad, las amplitudes térmicas y los vientos intensos permiten reducir la incidencia de enfermedades y favorecen una uva con piel más gruesa y una mayor concentración de aromas.

Tecnología y naturaleza

La bodega de Rohde cuenta con sensores de humedad, una estación meteorológica y sistemas de riego por goteo. 'La tecnología ayuda a interpretar mejor el lenguaje de la naturaleza', insiste Rohde.

Un futuro prometedor

La bodega tiene capacidad para producir suficientes uvas para unas 100.000 botellas. La decisión de no comprar uvas a terceros ha permitido a Rohde y su esposa controlar la calidad de su producción. En los próximos cuatro años, buscan llegar a producir 80.000 botellas al año.

Innovación y tradición

La bodega combina vinos de perfil clásico con innovaciones periódicas. Cada año y medio, incorporan algún producto nuevo con el objetivo de abrir mercados y generar nuevas oportunidades comerciales.

La certificación kosher es otra característica que les permite ingresar a un nicho específico del mercado.

Un mercado en expansión

La exportación fue una decisión tomada desde el comienzo. 'Resolvimos que la mitad de la producción se vendería afuera', afirma Rohde.

Con su bodega en la Patagonia, Enrique Rohde y su esposa Lucy Ramos están haciendo historia en el mundo del vino argentino.