En el Congreso Internacional del Maíz, celebrado en Córdoba, el investigador en fitopatología Roberto “Tino” de Rossi manifestó su preocupación por la duración de la carrera de agronomía y el desinterés que genera entre los jóvenes.

Creció al lado de un médico, su padre, y acompañó al doctor a quirófanos y morgues. Esa experiencia le inculcó el hábito de cuestionar todo, una costumbre que trasladó a la agro-ciencia.

Hoy combina trabajo de laboratorio con visitas al campo. “Puedo salvar una planta de maíz y hasta ahí”, bromeó, resaltando la diferencia entre su labor y la medicina humana.

Orígenes de la inquietud

Durante una maestría en Brasil, un profesor le dijo: “Duden de todo, incluso de lo que yo digo”. De Rossi adoptó esa postura y la aplica ahora a la formación de futuros agrónomos.

La formación como obstáculo

La carrera universitaria dura cinco o seis años; a esto se suman maestrías y doctorados que pueden duplicar el tiempo de estudio. Para un joven que busca incorporarse al mercado rápidamente, esa perspectiva resulta desalentadora. > "Cinco años es mucho. Necesitamos algo más corto y una salida laboral clara", comentó el fitopatólogo.

Escasez de especialistas y propuestas

El país cuenta con muy pocos fitopatólogos. De Rossi plantea que el modelo actual, demasiado extenso, podría revisarse para formar profesionales más rápidamente. > "Tal vez deberíamos acortar el proceso y llevar a los jóvenes al campo antes", sostuvo.

La visión de un docente

Como profesor en su provincia, mantiene un pie en el laboratorio y otro en la parcela. Recientemente, una pasante de bioinformática se entusiasmaron al observar germinación de semillas, lo que reforzó su convicción de que la práctica cercana al campo es clave para motivar a los estudiantes.

La discusión sobre la duración de la carrera y la falta de especialistas continúa. Instituciones como la UBA han visto una caída del 50 % en la matrícula de agronomía en las últimas dos décadas, lo que pone en relieve la urgencia de repensar el modelo formativo.