Tiempos de ilusión (título original: Juste Une Illusion) es la nueva película de Olivier Nakache y Eric Toledano, la dupla francesa responsable de Amigos intocables, que en su momento vendió casi 20 millones de entradas en Francia y superó los 425 millones de dólares en todo el mundo. Esta vez, el estreno llega con una propuesta muy distinta: una comedia familiar ambientada en 1985 que ya fue un suceso en su país de origen.

La historia sigue a Vincent, un chico de 13 años que vive en las afueras de París. Mientras se prepara para su bar mitzvá y descubre el amor, intenta descifrar las conductas de los adultos que lo rodean. Su familia atraviesa una crisis: el padre, interpretado por Louis Garrel, esconde las consecuencias de su desempleo; la madre, a cargo de Camille Cottin, busca una independencia profesional que desestabiliza la casa; y el hermano mayor es un referente poco confiable.

Un retrato amable de los 80

El film reconstruye la década con ropa, aparatos electrónicos y una banda sonora pensada para activar el reconocimiento del espectador. La nostalgia funciona como motor central: el pasado aparece envuelto en una calidez que suaviza sus asperezas. En lugar de indagar qué significaba crecer en la Francia de François Mitterrand, la película se detiene en la satisfacción de reconocer objetos y canciones de época.

Nakache y Toledano demuestran oficio para dirigir elencos numerosos y generar situaciones cómicas. Sin embargo, esa destreza está puesta al servicio de convertir los recuerdos personales en una experiencia reconfortante. La película acumula temas potencialmente espinosos —el antisemitismo, las diferencias de clase, el desempleo, las tensiones matrimoniales— con un tono que los dosifica para producir una inquietud pasajera antes de volver a un territorio seguro.

Lo que queda cuando la historia se corre del protagonista

El relato avanza como una sucesión de viñetas: anécdotas de iniciación, discusiones familiares, canciones reconocibles y pequeñas revelaciones sentimentales. Algunas escenas tienen gracia y otras alcanzan una emotividad genuina, pero la acumulación no genera profundidad. La película fluye, aunque pocas veces da la sensación de que algo importante esté realmente en juego.

Lo más interesante aparece cuando la historia se aparta de Vincent. Garrel compone un padre vulnerable, desconcertado ante la pérdida de su lugar como sostén económico, y Cottin aporta matices a una mujer que intenta escapar de las obligaciones que la abruman. La relación entre ambos contiene contradicciones que el resto del film apenas roza. Una historia concentrada en ese matrimonio, en el resentimiento y el afecto que conviven dentro de él, habría permitido un resultado más incisivo.

"La idea era contar una historia amable que, justamente por su excesiva liviandad, difícilmente permanezca mucho tiempo en la memoria", resume la crítica local.

Tiempos de ilusión dura 116 minutos, tiene calificación G (apta para todo público) y cuenta con guion de Nakache, Toledano y Nathalie Hertzberg. La fotografía es de Augustin Barbaroux y la edición de Dorian Rigal-Ansous. El elenco lo completan Simon Boublil, Pietro Lottin y Rony Kramer.