El largometraje Street Fighter, producido por Paramount Pictures y dirigido por Kitao Sakurai, se dio a conocer en Estados Unidos durante el año 2026. A pesar de contar con un elenco que incluye a Andrew Koji, Noah Centineo, Callina Liang, Cody Rhodes, David Dastmalchian, 50 Cent, Jason Momoa y Mel Jarnson, la película ha sido calificada como regular por la crítica.
Un arranque prometedor que se desvanece
La cinta abre con una secuencia animada que rinde homenaje a la versión de 1994, ofreciendo una pelea entre Ryu y Sagat cargada de sangre y dramatismo. Sin embargo, esa intensidad no vuelve a aparecer una vez que los actores toman el escenario, y el tono cambia abruptamente hacia una comedia ligera que recuerda a las producciones de Jean-Claude Van Damme.
El elenco y los cameos no logran salvar la trama
Los protagonistas, Ken (interpretado por Noah Centineo) y Ryu (interpretado por Andrew Koji), son presentados como “hermanos del alma” distanciados por sus artes marciales, una fórmula ya vista en otros títulos. Personajes icónicos como Chun-Li (interpretada por Callina Liang) destacan, mientras que otros, como Guile (encarnado por Cody Rhodes) y Bison (interpretado por David Dastmalchian), resultan poco convincentes. Incluso la aparición de Jason Momoa como Blanka, el youtuber Maximilian Dood y el jugador profesional Daigo se perciben como simples guiños sin sustancia.
Música y estilo: una oportunidad perdida
La banda sonora incluye clásicos como “What’s Up” de 4 Non Blondes y “Black Hole Sun” de Soundgarden, pero deja de lado las composiciones originales de la saga, creadas por Yoko Shimomura. La falta de referencia a esas melodías emblemáticas debilita aún más la conexión con el universo del juego.
En contraste, la reciente adaptación de Mortal Kombat II, también estrenada este año, se centró en recrear las peleas, obteniendo una mejor recepción. La crítica señala que Street Fighter se dispersa entre torneos de artes marciales, drama familiar, espionaje y una serie de cameos, diluyendo la coherencia narrativa.
A pesar de que las secuencias animadas demuestran un potencial artístico, la película no logra capitalizarlo, quedando en un punto intermedio entre la reverencia al material original y la búsqueda de un tono cómico que no convence.
"El humor constante diluye el interés dramático", comentó un crítico especializado.
Con una duración de 119 minutos y una clasificación para mayores de 13 años, la producción parece haber perdido la oportunidad de rendir homenaje a una de las franquicias más influyentes del género de lucha.