La Argentina exporta más de lo que importa como nunca, pero esa bonanza no se traduce en reservas más sólidas. Entre enero y agosto de 2026 el saldo comercial de bienes le dejó al Banco Central unos USD 23.249 millones, un récord histórico impulsado por el agro y la energía. Aun así, por otras vías salieron USD 37.756 millones, según un informe del Centro CIFRA-CTA. La diferencia se cubrió con nueva deuda.
El fenómeno tiene un nombre gráfico entre los economistas: puerta giratoria. Las divisas entran por el comercio exterior y vuelven a salir casi en el mismo movimiento, sin quedarse a engrosar las arcas del BCRA. La consecuencia es que el Gobierno de Javier Milei no logra acumular los dólares que necesita para sostener su programa económico.
Qué se lleva los dólares
El informe de CIFRA desglosa las salidas: la Formación de Activos Externos (los dólares que los argentinos colocan fuera del sistema financiero local), los intereses de la deuda, el déficit de servicios y el giro de utilidades al exterior. Esos cuatro canales explicaron los casi USD 38.000 millones que se fueron en los primeros ocho meses del año.
Para compensar el drenaje, el sector público y el privado recurrieron al mercado: inversión de cartera, préstamos financieros, títulos de deuda y créditos con organismos internacionales aportaron cerca de USD 19.000 millones. Por eso el BCRA pudo retener apenas la mitad de las divisas que compró en ese lapso.
"Como si fuera una puerta giratoria, por la formación de activos externos, los intereses de la deuda, el déficit de servicios y el giro de utilidades al exterior, egresaron 37.756 millones de dólares", señaló el trabajo del Centro CIFRA-CTA.
Empresas que también se endeudan
El sector privado no queda al margen. Las grandes firmas emitieron obligaciones negociables (títulos de deuda que colocan en el mercado) por USD 10.892 millones entre enero y agosto, un 20,6% más que en el mismo tramo de 2025. De todos modos, debieron afrontar vencimientos por unos USD 4.000 millones, lo que achica el margen de financiamiento neto.
El contexto macroeconómico agrava el cuadro. La actividad se contrajo 4,1% entre diciembre de 2025 y julio de 2026, después de un 2025 que ya había mostrado estancamiento. Con menos producción e ingresos, la capacidad de generar divisas genuinas se debilita.
La señal de los mercados
La fragilidad externa se reflejó esta semana en el Riesgo País, que volvió a trepar y quebró la barrera de los 700 puntos, un máximo para lo que va del año. Ese indicador mide la sobretasa que los inversores exigen para prestarle al país y funciona como termómetro de la desconfianza.
Con ese panorama, la pregunta que ordena la agenda económica es de dónde saldrán los recursos para afrontar los vencimientos de deuda de 2027. El superávit comercial, que hasta ahora funcionó como carta de presentación del modelo, no alcanza por sí solo para responder ese interrogante.
El debate queda abierto: si la puerta sigue girando al mismo ritmo, cada dólar que entra por exportaciones tiene como destino probable el pago de compromisos externos antes que la consolidación de reservas.