El viajero británico Samuel Haigh estuvo en el Río de la Plata entre 1817 y 1827 y, tras una década de recorridos por Buenos Aires, Chile y Perú, publicó sus observaciones en el libro Bosquejos de Buenos Aires, Chile y Perú (edición definitiva de 1831).
La visión del gaucho
Haigh describió a los gauchos como habitantes cristianos de la pampa, producto de la mezcla entre europeos y pueblos originarios, y señaló que vivían en constante conflicto con los indígenas. Según sus notas, “no hay ser más franco, libre e independiente que el gaucho”.
"No hay ser más franco, libre e independiente que el gaucho", afirmó Haigh.
El inglés también relató la costumbre del mate, que probó para no quedar fuera de la práctica local. Lo describió como una infusión de sabor amargo pero agradable, preferida por muchos sobre el té.
"Probé el mate para no quedar fuera de la costumbre y lo encontré muy sabroso", escribió.
Sobre el atuendo, destacó el poncho, tan amplio como una pequeña manta, tejido en lana por mujeres, y complementado con chaqueta de paño, bayeta o pana y calzones abiertos en la rodilla. El calzado consistía en botas de potro.
Narró una curiosa persecución de un avestruz, cuya figura alargada y alas extendidas como velas apenas rozaba el suelo, hasta que los gauchos lo abatieron con boleadoras. También describió una pelea sin cuartel entre dos gauchos, en la que uno clavó un cuchillo en el cuello del rival, herida que, afortunadamente, no resultó grave.
Luján y su festín
En su visita a Luján, una villa de 800 habitantes, el alcalde recibió a Haigh y sus acompañantes con una comida abundante. El primer plato incluyó chupe de gallina, mazamorra, huevos, café, chocolate, vino y pan blanco. El segundo plato fue la famosa carne asada, descrita como “el gran manjar de las pampas”, servida en tiras ensartadas sobre asadores de madera.
Haigh quedó satisfecho tras el abundante almuerzo, que también contenía arroz, papas, tomates y cebollas. Comentó que el pueblo, aunque pequeño, mostraba una armonía entre sus carruajes de ruedas grandes y sus conductores, y que el campo circundante se presentaba como una llanura cubierta de pajas altas y pantanos.
El relato de Haigh fue traducido al español por el historiador santafesino Carlos A. Aldao, permitiendo que sus observaciones sobre la vida gauchesca y la gastronomía de la región perduren hasta hoy.