River se quedó con un triunfo ajustado por 1-0 frente a Racing en el Monumental, en un partido que estuvo lejos de ser el trámite cómodo que muchos anticipaban. El único tanto lo marcó Lautaro Rivero de cabeza, en su regreso al equipo después de dos meses sin sumar minutos. El resultado le da aire al conjunto de Ponzio, pero el funcionamiento dejó más preguntas que respuestas de cara al superclásico del próximo domingo en la Bombonera.
La noche arrancó con un Monumental que esperaba una continuidad del 3-0 ante Belgrano en el Kempes, el mejor rendimiento del año. Sin embargo, Racing, golpeado y con una formación joven en defensa, salió a pelear cada pelota y complicó más de lo previsto.
Un rival que no se achicó
La Academia presentó a dos centrales sin experiencia en primera: Mateo Martínez, de 18 años, y Gonzalo Escudero, de 19. Lejos de intimidarse, ambos sostuvieron el fondo ante un River que no encontraba juego ni intensidad. La banda izquierda racinguista, con Ignacio Rodríguez y Tomás Conechny, generó las ocasiones más claras del primer tiempo.
El arquero Santiago Beltrán salvó a River tras un error de Otamendi en la salida, y Cambeses le sacó un remate a Montiel que pudo haber cambiado el trámite desde el arranque. El local no fluía: faltaban pases, asociaciones y vigor.
Almada, la cara de la apatía
El rendimiento más flojo pasó por Thiago Almada. El volante no lograba entrar en contacto con la pelota, decidía mal y perdía en los duelos. Aun así, Ponzio lo mantuvo en cancha hasta el final, cuando el estadio ya esperaba el pitazo para descargar contra Boca. La baja producción del enganche es uno de los focos de preocupación antes del clásico.
El gol llegó en la primera jugada de ataque bien hilvanada: toque por izquierda entre Ortega y Almada, asistencia medida de Correa y cabezazo de Rivero, que besó su camiseta. En un palco de la tribuna Centenario siguió el partido Marcelo Gallardo, en su regreso al estadio ocho meses después de su renuncia.
El clima en las tribunas
El público volvió a estallar contra Tapia después de un gol anulado, y el grito de "el domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar" bajó desde las plateas apenas terminó el partido. La hinchada ya tiene la cabeza puesta en la Bombonera.
El triunfo deja a River con la clasificación en orden, pero con un equipo que todavía no encuentra regularidad. El superclásico será la prueba de fuego para un año que, por ahora, no cumplió las metas que el club se propuso en enero.