La victoria demócrata en las elecciones de medio término dejó a Donald Trump en una posición debilitada: sin control de ninguna de las cámaras y sin posibilidad de reelección, deberá transitar sus últimos dos años de mandato como un "pato rengo". Sin embargo, ese escenario no anticipa un giro en la política de Estados Unidos hacia América Latina, según el análisis de las fuerzas que moldean la estrategia regional.

El nuevo Congreso tiene herramientas para condicionar al presidente en el frente comercial. La Cámara puede revisar la política arancelaria e intervenir en la revisión del T-MEC, el tratado con México y Canadá que Trump se resiste a renovar. El impacto más profundo, en cambio, se espera en Medio Oriente: tres de cada cuatro votantes mencionaron la guerra con Irán como un factor decisivo de su voto y un 62% la calificó como un error, según encuestas a boca de urna. En septiembre, el Senado había rechazado por solo dos votos una iniciativa para frenar la ofensiva militar, una diferencia que la nueva mayoría podría revertir.

La pulseada interna del trumpismo

El resultado electoral también reordena la disputa entre las dos corrientes que se pelean la política exterior del movimiento. Los primacistas defienden un liderazgo global con presencia militar en todos los frentes y alianzas firmes, como la de Israel; entre sus referentes están el senador Marco Rubio, Tom Cotton y el escritor Mark Levin. Los restrainers, en cambio, ocupan el núcleo del MAGA y sostienen que el país debe cerrar las guerras lejanas y concentrar recursos en la competencia con China. Sus figuras más visibles son el vicepresidente JD Vance, Steve Bannon y Tucker Carlson.

La guerra con Irán se convirtió en el eje de esa discordia, porque para los restrainers contradice la promesa de "America First" de no embarcar al país en nuevos conflictos. El martes electoral parece haberles dado aire: al día siguiente, Vance escribió en X que la razón de la derrota era "obvia para casi todos" y citó un sondeo que ubicaba el fin de la guerra como la primera condición para recuperar votantes. Rubio, que había definido el conflicto como un "favor" a Estados Unidos y al mundo, queda golpeado, incluso en Florida, donde su antigua banca se retuvo por menos de tres puntos en un estado que Trump había ganado por unos trece en 2024.

Cuatro razones que sostienen la doctrina regional

Que un giro en Medio Oriente sea esperable no implica que ocurra lo mismo en América Latina. Hay al menos cuatro motivos que exceden el resultado electoral y que permiten anticipar que la Doctrina Donroe —la reedición del principio de Monroe que reivindica la primacía estadounidense frente a potencias como China— seguirá vigente e incluso podría profundizarse en los próximos dos años. Funcionan como círculos concéntricos: van de lo individual a lo partidario, de ahí a lo institucional y, por último, a lo estratégico, el nivel más amplio y el más difícil de revertir.

El primero es que Trump conserva margen y motivos para actuar en la región. Sin la presión de una reelección y con un Congreso hostil, los presidentes se sienten menos atados a la agenda interna y, al mismo tiempo, sin espacio para avanzar en ella. Según Philip Potter, director del Centro de Políticas de Seguridad Nacional de la Universidad de Virginia, esa combinación empuja a los "patos rengos" hacia afuera, con más diplomacia presidencial, más acuerdos ejecutivos y mayor uso de la fuerza. El antecedente de George W. Bush es elocuente: tras la derrota legislativa de 2006, respondió enviando más tropas a Irak.