La visita de León XIV a la Argentina, que se extenderá desde la tarde del domingo hasta el mediodía del miércoles, colocó al Gobierno de Javier Milei en una posición incómoda. Cada gesto y cada palabra del pontífice serán leídos en clave política, tanto por el oficialismo como por la oposición. El problema no es solo el mensaje papal, de fuerte contenido social, sino la forma en que el Ejecutivo lo potenció como una advertencia dirigida exclusivamente a Olivos.
Un frente externo complicado
La gira del Papa llega después de una serie de reveses para Milei en el plano internacional, producto de una política exterior rígida y personalista. La reacción ante el triunfo de Lula da Silva en Brasil y el impacto de la derrota de Donald Trump en las elecciones legislativas de Estados Unidos son dos ejemplos de errores de cálculo que repercutieron en la política doméstica y regional. Según el material de base, el oficialismo trató estos asuntos como una cuestión de alineamiento personal, lo que generó costos políticos evitables.
La agenda social del Papa
En su paso por Uruguay, León XIV ratificó la posición de la Iglesia Católica sobre el aborto y la eutanasia, advirtió sobre la pobreza y subrayó el valor del trabajo en función de la persona humana. También mencionó la exclusión social y los riesgos de la inteligencia artificial combinada con la concentración de poder. Estos ejes, presentes desde su primera encíclica Magnifica humanitas, se repetirán a lo largo de la gira y no admiten lecturas lineales ni forzadas.
El oficialismo, sin embargo, difundió consideraciones ácidas sobre la agenda del Vaticano, muchas veces a través de trascendidos. Las señales de malestar aparecieron apenas comenzaron a circular las primeras versiones sobre la visita, incluso antes de que Roma la confirmara oficialmente. La especulación inicial fue que la presencia del Papa, por su impacto social, podría representar un alivio frente a la crisis económica. Un error que, según el material, expone un desconocimiento profundo de la materia.
El Cottolengo y la emergencia en discapacidad
El síntoma más evidente de la inquietud oficialista fue la confirmación de la visita al Cottolengo Don Orione, primera actividad papal del lunes, luego de los actos oficiales del domingo. Ese dato de la agenda apareció en paralelo con la disputa por la emergencia en discapacidad. El Gobierno venía actuando como si no tuviera registro de los reclamos del Episcopado argentino.
La cercanía del viaje papal también impactó en el Congreso. El nuevo proyecto, que tomó puntos centrales de la ley de emergencia, fue aprobado en Diputados casi sin margen para maniobras del Ejecutivo. Y avanzó esta semana en el Senado, que podría convertirlo en ley antes de fines de mes.
Un discurso más realista
La línea discursiva del oficialismo parece ahora algo más realista. Reconoce la línea pastoral de León XIV y reclama no “partidizar” o “politizar” el mensaje, con lo que busca apuntar a la oposición dura y, en especial, al kirchnerismo. Sin embargo, el daño ya está hecho: la visita del Papa se convirtió en un espejo de las tensiones internas y de los errores de cálculo de un Gobierno que, según el material, se fabricó sus propios costos políticos.