El gobierno de Javier Milei logró, a inicios de 2026, contener la volatilidad del tipo de cambio y reducir la inflación, aunque el consumo interno se mantiene débil y el crecimiento proyectado del PIB cayó al 2,4 % anual.
Antecedentes regionales
En América Latina, la reelección presidencial es rara; la última vez que un mandatario argentino fue reelegido fue Cristina Kirchner en 2011. Desde entonces, candidatos como Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa no lograron superar la barrera del voto popular. Este historial sitúa a Milei en un escenario poco favorable para repetir mandato.
Indicadores económicos
Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, la inflación se espera que alcance 1,7 % en agosto y se mantenga bajo el 2 % hasta fin de año. El economista Fernando Marull señaló que "en septiembre podríamos ver una ligera caída adicional, alrededor de 1,6 %" gracias a menores incrementos en alimentos y servicios.
"Los ajustes en alimentos son modestos, de 0,3 a 0,4 % semanal, y ya se anunciaron reducciones en luz, gas y telefonía", afirmó Marull.
Sin embargo, la proyección de actividad económica se revisó a la baja: el PIB crecerá solo 2,4 %, muy por debajo del 3,5 % estimado por el FMI meses atrás. Sectores como energía, minería y agro continúan impulsando la economía, mientras que industria, comercio y construcción permanecen rezagados.
"Es una economía donde el 20 % anda muy bien, pero un 40 % muy mal", resumió Rodolfo Santángelo, socio de Macroview.
Perspectiva política
Las encuestas recientes sitúan la aprobación de Milei en 35 %, un nivel insuficiente para ganar en primera vuelta y que podría obligar a un balotaje, escenario arriesgado en la política argentina. Además, el rechazo hacia el presidente y sus potenciales adversarios es similar, lo que indica una ausencia de un rival claro con mayor respaldo popular.
Próximos pasos
El desempeño económico durante los próximos meses será decisivo para determinar si Milei podrá consolidar su posición y aspirar a otros cuatro años de gobierno. La combinación de estabilidad cambiaria y baja inflación no garantiza el triunfo electoral si el crecimiento sigue rezagado y la percepción pública no mejora.