La soja profundizó su tendencia bajista en la Bolsa de Chicago y cerró en US$438,44 por tonelada, el valor más bajo desde el 14 de agosto. La posición noviembre de 2026 retrocedió US$3,58 en la jornada y completó un tramo de 17 ruedas negativas sobre las últimas 21, con apenas cuatro avances. El movimiento preocupa en la Argentina porque buena parte de los costos de producción ya está comprometida mientras los ingresos potenciales se achican.

Por qué cae el precio

El primer factor es la cosecha estadounidense. Según Nehuén López, analista de mercados agrícolas de Grassi SA, la campaña viene con resultados mejores a los previstos: la recolección ya cubrió el 88% de la superficie y los rindes relevados en los campos son muy buenos. Eso abre la puerta a un volumen final superior al estimado, lo que sumaría oferta al mercado.

"Los relevamientos sugieren muy buenos rendimientos, por lo que no habría que descartar alguna suba adicional en los niveles de producción que debilitaría en parte los precios", señaló López.

A eso se agrega el ritmo de la industria aceitera de Estados Unidos: en septiembre se molieron 5,41 millones de toneladas, por debajo de los 5,46 millones que aguardaba el mercado y de los 5,70 millones de agosto. Los márgenes de las procesadoras se achicaron frente al primer semestre, aunque siguen por encima del promedio.

Sudamérica suma presión

Las proyecciones de la próxima campaña tampoco ofrecen un sostén para las cotizaciones. En la Argentina se estiman unos 53 millones de toneladas de soja, mientras que Brasil podría llegar a 180 millones. A esto se suma que en el mercado local quedarían entre 15 y 17 millones de toneladas sin comercializar, de acuerdo con López. El clima será determinante para confirmar o recortar esos números.

Luciano Bilbao, de Gestor Max, coincidió en que la cosecha récord de Estados Unidos es el motor principal de la baja y añadió el peso de la oferta sudamericana, en especial la brasileña.

"El ingreso de mercadería al circuito comercial incrementa la disponibilidad de granos y condiciona las cotizaciones", explicó Bilbao.

El impacto en el campo argentino

Para los productores locales, el escenario implica revisar números con menos margen de maniobra. Bilbao advirtió que la caída del precio esperado golpea directo el ingreso bruto por hectárea, mientras que muchos costos ya están definidos o comprometidos.

"Una reducción del precio esperado afecta directamente el ingreso bruto por hectárea, mientras que buena parte de los costos productivos ya se encuentra definida o comprometida", sostuvo.

Otro elemento a seguir es la posición de los fondos de inversión en Chicago: mantienen posiciones netas compradas en soja y una eventual venta de esos contratos podría añadir presión a las cotizaciones. Pese al retroceso reciente, el grano todavía se ubica por encima de los US$415 de junio y de los US$390 de enero, lo que deja margen para nuevas pérdidas.