Koppert ya comercializa en Argentina una línea de tratamiento de semillas de soja con packs 100% biológicos. La propuesta busca mejorar la implantación del cultivo y adelantar la emergencia, y según la empresa se sostiene en más de 90 ensayos realizados a lo largo de cinco campañas agrícolas, con más del 70% de respuestas positivas frente a tratamientos químicos de primera línea.
El argumento central es que la semilla define buena parte del potencial del lote. Por eso la compañía plantea el tratamiento como la primera decisión agronómica de la campaña, no como un insumo más del plan.
La lógica biológica detrás de la propuesta
La diferencia que marca Koppert es metabólica. Cuando la semilla recibe un tratamiento químico de síntesis, debe detoxificar esa molécula y destina energía a ese proceso. Con un tratamiento biológico, esa energía queda disponible para germinar y emerger.
En comparaciones de testigo contra químico, la franja tratada con los biológicos de Koppert emerge al menos tres días antes, según los datos que maneja la empresa. A esa ventaja se suman un mayor vigor aéreo y radicular.
"La semilla es la primera decisión de la campaña, y ahí es donde se gana o se pierde buena parte del potencial del lote", explican desde el equipo técnico de Koppert.
Manejo simple y compatibilidad con químicos
La propuesta también apunta a lo operativo. Los packs no cambian el manejo respecto de los químicos, no requieren dilución en agua y evitan que las semillas se peguen en las paredes de los cajones de la sembradora. La manipulación es más simple y demanda menos elementos de protección personal, siempre según las recomendaciones de uso de cada producto.
En cuanto a la compatibilidad, los packs pueden combinarse con una amplia cantidad de productos químicos, aunque cada caso debe evaluarse. Para eso Koppert ofrece una app que permite consultar compatibilidades por producto o principio activo.
Los números que respaldan la apuesta
El respaldo está en los ensayos: más de 90 pruebas en cinco campañas, en distintos ambientes productivos y zonas agroecológicas. La respuesta promedio ronda el 2% de diferencia en rendimiento frente a químicos de primera línea, un diferencial que a escala de lote se traduce en retorno sobre la inversión.
El costo, que suele frenar este tipo de decisiones, no sería un obstáculo: según Koppert, las ventajas del tratamiento biológico no implican un mayor desembolso que un pack con fungicida de síntesis de igual nivel tecnológico. La empresa se compara con químicos de primera línea y juega en precios similares.