El 14 de octubre de 2003, el actor Javier Portales, cuyo nombre real era Miguel Ángel Álvarez, falleció en el Hospital público Ramos Mejía a los 66 años, acompañado únicamente por su hijo Javier Ángel.

Portales se convirtió en uno de los rostros más familiares de la televisión argentina durante tres décadas, destacándose junto a Alberto Olmedo en el programa «No toca botón».

Inició su carrera en la radio de Rosario y, al mudarse a Buenos Aires, participó en ciclos como Operación Ja Ja, trabajando con figuras como Fidel Pintos y Juan Carlos Altavista.

Reconocimientos y legado

En 1999 la Asociación Argentina de Actores le otorgó el Premio Podestá, reconociendo su extensa trayectoria que también incluyó teatro independiente y obras de Shakespeare y Chéjov.

Conflictos personales y crisis económica

Un divorcio contencioso con su primera esposa, Delia, desencadenó una demanda millonaria que obligó al comediante a ceder el 17 % de sus ingresos futuros, lo que erosionó sus finanzas.

La relación posterior con Marina Gacitúa profundizó el distanciamiento con su hijo, quien más tarde denunció irregularidades en la administración de los bienes familiares.

Salud en declive y últimos intentos

Un accidente doméstico en su quinta le provocó una hernia de disco; el propio Portales relató a Mauro Viale: > "Empezó cuando me resbalé y me caí para atrás; antes no había tenido ningún síntoma".

A partir de ese momento sufrió tres infartos y dos accidentes cerebrovasculares, que lo dejaron en estado de cuadriplejía.

En 1997 viajó a Cuba para recibir fisioterapia, pero los resultados fueron limitados.

Últimos días y legado

Durante sus últimos meses, el actor vivió recluido en su domicilio bajo el cuidado exclusivo de su hijo, quien recordó: > "Fue bastante triste cuando se fue; el médico me dijo que lo dejara ir porque ya no podía más".

Los constantes gastos médicos, la diabetes y la falta de trabajo agotaron sus ahorros, dejándolo sin recursos al momento de su fallecimiento.

A pesar del trágico final, una estatua en la calle Corrientes mantiene viva su memoria entre los transeúntes.