En Nueva Delhi, la capital de India, jóvenes manifestantes se enfrentan desde hace meses a un cerco policial que busca impedir cualquier reunión en la vía pública. La presión sostenida en las calles y el uso ingenioso de las redes sociales lograron abrir una grieta en el férreo control que el primer ministro Narendra Modi mantiene desde hace doce años, algo que la oposición tradicional no había conseguido.

La activista Neha Bora, de 29 años, se convirtió en una de las caras visibles de esta ola de descontento. Detenida en varias oportunidades mientras saltaba las barricadas que bloqueaban el lugar de la protesta, recurrió a Instagram el fin de semana pasado para mostrar los moretones que le dejó la represión policial. Con más de un millón de seguidores, imitó el estilo de una influencer de fitness para denunciar la violencia: “Este es mi bíceps, este es mi tríceps”, dijo mientras señalaba cada marca en sus brazos. Luego miró a cámara y lanzó su advertencia: “Mañana marcharemos de nuevo. Para decirles que no pueden arrebatarnos nuestra libertad, nuestro derecho a protestar”.

De la caída de un ministro al padrón electoral

Durante el verano, los jóvenes exigieron la renuncia del ministro de Educación por una serie de escándalos en los exámenes de ingreso a la universidad. Algunos, como Bora, iniciaron huelgas de hambre prolongadas. La respuesta oficial incluyó cañones de agua, gas lacrimógeno y escopetas de perdigones, lo que generó una indignación generalizada. El gobierno hizo una concesión poco habitual y el ministro terminó renunciando.

Ahora, los manifestantes volvieron a las calles con una nueva demanda: la eliminación de más de 130 millones de nombres del padrón electoral de India. Según los organizadores, se trató de una maniobra política para favorecer al partido de Modi, algo que el oficialismo niega. Los jóvenes exigen la renuncia del jefe de la comisión electoral del país.

Un juego del gato y el ratón

En las calles de Delhi, los manifestantes han desarrollado tácticas para esquivar los bloqueos policiales. El domingo pasado, Bora escaló la primera capa de barricadas para intentar llegar al lugar designado para la protesta. Tras forcejear con los agentes, logró saltar al otro lado y la línea policial se quebró. Los manifestantes apartaron las vallas, pero se encontraron con una segunda barrera y más filas de uniformados. La policía los arrastró uno por uno hacia autobuses y los trasladó a centros de detención. Bora fue detenida seis veces en dos días; en la última ocasión, según relató, la llevaron a decenas de kilómetros y la abandonaron en una zona industrial.

El gobierno de Modi se ha negado recientemente a permitir protestas incluso en la única “zona designada” de la capital, conocida como Jantar Mantar, a la que habían quedado reducidas las manifestaciones. Durante la última semana, filas de fuerzas de seguridad se desplegaron para detener a cualquiera que intentara reunirse allí.

“La gente ya no le tiene miedo a la policía”

Bora, estudiante de doctorado en estudios teatrales y presidenta de la organización izquierdista Asociación de Estudiantes de Toda India, sostuvo que el estallido de ira es una señal de que cualquier líder autoritario puede consolidar el poder “solo hasta cierto punto”. “No digo que la gente esté completamente tranquila y cómoda y que la democracia esté floreciendo”, aclaró. “Pero la gente ya no le tiene miedo a la policía”.

Los grupos juveniles convocaron para el sábado su marcha más grande hasta la fecha. La combinación de presión callejera y creatividad digital se convirtió en un desafío inédito para el oficialismo, que ve cómo una generación entera se organiza por fuera de los canales políticos tradicionales.