Un productor rural le escribió por redes sociales para contarle que había recuperado trabajos como contratista después de haberlos perdido por tener máquinas que no eran de último modelo. El destinatario del mensaje fue Germán Pinteño, productor e influencer de Chacabuco, que desde hace un tiempo viene cuestionando la lógica que se instaló en buena parte del agro: la idea de que la tecnología de punta y las inversiones millonarias son la única medida del éxito.
Pinteño no rechaza los avances técnicos. Lo que discute es que esa carrera se transforme en una obligación y que el productor pierda de vista para quién trabaja y de dónde sale el dinero para pagar cada inversión. "Yo me rebelé contra todo ese sistema", resume en diálogo con Bichos de Campo, y agrega una frase que resume su postura: "Lo viejo funciona".
Una infancia entre verduras y consejos
Su vínculo con el campo empezó mucho antes de las cámaras. De chico plantaba verduras, juntaba huevos y salía a vender la producción en las verdulerías del barrio. Su abuelo, que había arrancado como empleado rural y con los años compró su propio campo, le insistía en que esa experiencia le iba a servir para entender el valor del trabajo y de la plata.
"Mi abuelo me decía que vendiendo iba a aprender lo que cuesta ganarte la plata, lo que cuesta producirla realmente, administrarla y organizarte. Después, el día de mañana, te va a servir para cuando tengas que manejar el campo", recuerda Pinteño.
La continuidad familiar siguió: su abuelo se convirtió en propietario, su padre siguió comprando campos y él tomó la posta. Pero el camino también tuvo momentos duros. Recuerda que estaban por comprar un campo cuando llegó el corralito de 2001 y quedaron atrapados fondos que necesitaban para cerrar la operación.
De la mirada social a la carrera sin final
En aquellos años, la actividad agropecuaria no tenía el reconocimiento social que hoy acompaña a ciertas imágenes del sector. Pinteño recuerda la mirada que pesaba sobre los productores que andaban en camionetas 4x4, incluso cuando detrás de esos vehículos había años de trabajo, inversiones y obligaciones que atender. Con el tiempo, esa percepción cambió: la expansión de la agricultura, el crecimiento de la soja y la llegada de nuevas tecnologías hicieron que el campo ganara visibilidad y se volviera atractivo para una cantidad creciente de empresas.
Sin embargo, Pinteño observa una diferencia entre el crecimiento de los proveedores y la realidad de muchos chacareros, que terminan trabajando para sostener una maquinaria que nunca terminan de pagar. Su intención es mostrar, con números y experiencias propias, cuánto cuesta producir y por qué esa carrera sin final puede convertirse en una trampa.
El agradecimiento de aquel contratista que recuperó trabajos es, para él, una señal de que el mensaje empieza a encontrar eco. Pinteño sigue contando sus cuentas en las redes y discutiendo una imagen del campo que, a fuerza de repetirse, corre el riesgo de confundirse con la realidad de la mayoría.