El periodista económico rosarino Mariano Galíndez, una de las voces que mejor sigue el mercado argentino de granos, puso el foco en una brecha que persiste entre los productores: el manejo técnico del campo está muy por encima del manejo comercial del negocio. Lo planteó en una entrevista reciente, donde repasó cómo se formó y por qué el agro terminó siendo el centro de su trabajo.
La idea central es simple: se puede discutir con precisión una dosis de fertilizante o la fecha ideal de siembra, pero esa solidez se diluye a la hora de cerrar una venta o leer el contexto del mercado. "El productor está más capacitado y se defiende mejor", reconoció Galíndez. Acto seguido, marcó el límite: "¿Le saca todo el jugo? No, no, no".
Un recorrido que empezó en la economía
El vínculo de Galíndez con ese mundo no fue planificado. Estudió periodismo y, en paralelo, ciencia política, hasta que una materia de economía le cambió el rumbo. "Me llamó mucho la atención cómo los factores económicos terminan marcando el ritmo de la política", recordó sobre ese primer encuentro.
A fines de los 90 consiguió trabajo en El Ciudadano, un diario rosarino que salía a competir con La Capital. Cuando la redacción necesitaba alguien para la sección de Economía, casi nadie levantó la mano. Quedó él. Lo que parecía un área incómoda se transformó en una ventaja: al ser el único interesado, tenía línea directa con jefes y directores.
En Rosario, hablar de economía deriva rápido en el agro. No porque sea la única actividad de una región diversificada e industrial, sino por su efecto derrame sobre el resto: desde el mercado inmobiliario y la gastronomía hasta el comercio y la maquinaria. Galíndez lo comprobó tras la crisis de 2001, cuando los pueblos agroindustriales empezaron a mostrar señales de recuperación antes que las grandes ciudades.
La Bolsa de Comercio, una escuela desde adentro
Otro mojón en su formación fue la Bolsa de Comercio de Rosario, donde trabajó en el área de prensa. Ese paso le permitió ver desde dentro un universo que entonces era mucho más hermético que ahora. "Antes no sabíamos mucho lo que pasaba", confesó.
A comienzos del milenio, el principal mercado de granos del país funcionaba con información concentrada, corredores celosos de sus datos y grandes compradores poco habituados a declarar en público. "Era impensado encontrarte con algún gerente de una multinacional que se pusiera a hablar con vos", señaló el periodista. Esa experiencia le mostró que producir bien no basta: hay que saber moverse en el negocio.
Galíndez también analizó crisis del sector como la de Vicentín y la de los correacopios, y sigue de cerca temas de infraestructura, como la situación del Belgrano Cargas y la relación entre cerealeras y mineras por el uso de líneas ferroviarias.
Su diagnóstico de fondo apunta a que el productor argentino necesita seguir madurando comercialmente para proteger el precio de lo que produce y evitarse disgustos. Es una asignatura pendiente que, según su mirada, todavía tiene margen para mejorar.