El domingo se realizará la segunda vuelta de la elección presidencial en Brasil, donde el ganador asumirá la jefatura de un Estado que contiene aproximadamente 60 % de la Amazonía, el ecosistema más grande del mundo y esencial para la regulación climática.

Candidatos y sus líneas

Los principales contendientes son el senador Flávio Bolsonaro, heredero político del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro, y el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que busca un cuarto mandato, aunque no consecutivo. Mientras Lula propone mantener y profundizar la política de cero deforestación neta para 2030, Flávio Bolsonaro ha anunciado la meta de eliminar la tala ilegal antes de 2029, un año antes del objetivo oficial.

"Flávio Bolsonaro es un defensor del medio ambiente y de quienes preservan los bosques en pie y los ríos limpios", afirmó su equipo de campaña.

Historial reciente de la tala

Durante la gestión de Jair Bolsonaro (2019‑2022), la pérdida de bosque en la Amazonía se incrementó alrededor de 60 %, superando los 45.000 km² talados, según cifras oficiales. Con la llegada de Lula en 2023, la deforestación descendió un 45 %, alcanzando el nivel más bajo de la última década.

Obstáculos institucionales

El Congreso, dominado por fuerzas conservadoras y con fuerte presencia del agronegocio, podría frenar las iniciativas de Lula en materia ambiental. Aun así, su programa incluye recortes de emisiones y financiamiento para la conservación de bosques tropicales.

Flávio Bolsonaro, por su parte, no ha presentado un plan detallado para la Amazonía, limitándose a prometer una mayor lucha contra el delito ambiental y la creación de incentivos económicos para la restauración.

"Son eventos cíclicos", sostuvo el candidato en una entrevista con Jornal Nacional, añadiendo que no cree en el cambio climático como fenómeno permanente.

Advertencias de expertos

Márcio Astrini, director ejecutivo del Observatorio del Clima, advirtió que la deforestación podría volver a escalar si el nuevo gobierno desmantela la fiscalización vigente. "El riesgo que enfrentamos es que Brasil podría alejarse de una agenda ambiental positiva hacia una postura más similar a la que ahora adopta Estados Unidos: una de negación del clima", señaló.

Los analistas también subrayan que la promesa de Flávio de acabar con la tala "ilegal" podría traducirse en la ampliación de áreas donde la extracción de madera sea legal, manteniendo la cifra de deforestación bajo la apariencia de cumplimiento.

Con la decisión a sólo unos días, la comunidad internacional observa de cerca el desenlace, consciente de que el rumbo que tome Brasil influirá directamente en los esfuerzos globales contra el calentamiento climático.