En una entrevista reciente con el programa Bichos de Campo, Aquiles Salinas, quien dedicó gran parte de su trayectoria al estudio del riego suplementario en cultivos extensivos, explicó que el agua aplicada a forrajes tiene un impacto económico superior al que produce en granos.
Valor económico del recurso
Salinas señaló que, al pasar del grano al forraje, el agua deja de influir solo en el rendimiento de la cosecha y pasa a afectar toda la cadena productiva que depende del alimento animal. "Cuando detrás del cultivo hay una vaca que produce carne o leche, la cuenta cambia", afirmó.
"Hay alguien que depende de esa producción, que podés ser vos mismo o vos siendo proveedor de insumos", indicó el especialista.
Inversión que se paga sola
El experto destacó que equipos como cosechadoras o silos solo almacenan lo producido, pero no aumentan el rendimiento disponible. En cambio, el riego sí lo logra, lo que permite que la inversión en infraestructura se amortice rápidamente. Según Salinas, "estas inversiones pueden recuperarse en dos, cuatro o seis años y permanecen útiles a lo largo del tiempo".
Calidad y estabilidad del forraje
Además de incrementar la cantidad, el riego protege la calidad del alimento. Un cultivo bajo estrés hídrico pierde valor nutricional; al evitar esos episodios se mantiene tanto la masa como la composición del forraje. Salinas añadió que la estabilidad es clave: el riego suplementario no reemplaza la lluvia, sino que cubre los déficits críticos.
Planificación sin depender del clima
El especialista explicó que el mayor beneficio radica en la capacidad de ejecutar planes productivos sin estar atados a la variabilidad de las precipitaciones. "Con riego podés ejecutar esa planificación, mientras que sin él dependés del excel y de la suerte de la lluvia", comentó.
Proyectos de gran escala
En la región del Valle Medio, el proyecto Negro Muerto, con una inversión superior a 8 millones de dólares, busca habilitar 13 000 hectáreas productivas mediante riego, subrayando la tendencia creciente del sector.
Con estos argumentos, Salinas invita a repensar el riego como una herramienta estratégica para la agroindustria ganadera, más que como un simple costo operativo.