El lazo, una soga o cuerda utilizada en tareas ganaderas, llegó a América con los conquistadores europeos. Desde Canadá hasta Tierra del Fuego, cada país ha adaptado el lazo criollo según sus necesidades y cultura.

El lazo puede ser de cuero crudo, nylon, cáñamo, tendones de ñandú o otras fibras sintéticas. Se elabora cortando tientos del cuero crudo de un yeguarizo o vacuno, los cuales formarán el largo del lazo, que varía de 10 a 20 metros de largo.

El cuero crudo es el material perfecto para un lazo debido a su resistencia y elasticidad. Una vez confeccionado el lazo, se le adosa una argolla de acero en una punta y una presilla de cuero.

Uso del lazo

El lazo se utiliza para enlazar animales, ya sea a pie o a caballo. El enlazador debe tener un buen caballo de lazo, que tolere el revoleo de la armada y rollos sobre su cabeza al galope.

El tiro de lazo debe tener el rumbo correcto y se lo debe recoger a tiempo para que se ciña bien al lugar deseado. Hay varios tipos de tiros: de derecha, de revés, sobre el brazo, de atrás, por arriba del animal, a los pies.

Historia del lazo

El lazo también ha tenido otros usos en la historia, como arma de guerra, desmontando enemigos en batalla por enlazado o como trampa tendida en un camino.

Avances en el campo

Los avances en el campo, como el uso de mangas, bretes móviles, cepos y mesas de capar, han reducido la necesidad de enlazar a caballo, una actividad de riesgo que puede ser peligrosa para el enlazador y el animal.