En junio de 2026, el salario medio de la Ciudad de Buenos Aires permitía adquirir 97,8 milanesas con guarnición, el nivel más bajo desde que se empezó a medir el indicador. El registro, elaborado por la consultora I Ciudad, muestra la pérdida de capacidad de compra de los trabajadores de la zona más rica del país.
Caída del poder adquisitivo
El llamado Índice Milanesa con Papas Fritas compara el precio de una porción con el ingreso mensual promedio. En el mismo mes de 2023, el salario alcanzaba para 112,3 platos; la diferencia implica una caída del 12,9 %, equivalentes a 14,5 milanesas menos. Entre junio de 2023 y junio de 2026, el precio del plato subió de $3.293 a $26.014, un aumento de 7,9 veces, mientras que el sueldo promedio solo creció 6,9 veces, pasando de $369.746 a $2.542.943.
"Me la rebusco para llegar a fin de mes", comentó un jubilado entrevistado por El Destape.
Comparaciones históricas
El índice ha registrado cinco caídas interanuales consecutivas desde 2022. En junio de 2026 la variación interanual fue de ‑1,8 % respecto a 2025. En 2017, el salario alcanzaba para 160,2 milanesas; hoy esa cifra es 62,4 platos menos, una pérdida del 39 % respecto al máximo histórico.
Si se observa el primer semestre completo, el promedio mensual cayó de 131,3 a 110,2 platos, una reducción del 16 % y 21 milanesas menos por mes en comparación con el mismo período de 2023.
Repercusiones en la actividad gastronómica
El descenso del poder de compra se refleja en la demanda de los restaurantes tradicionales. El índice de volumen físico, que mide la cantidad de cubiertos vendidos, registró en junio 151,4 puntos, una caída interanual del 3,7 % y una caída acumulada del 29 % frente a noviembre de 2023. Durante el primer semestre, el nivel quedó 14,4 % por debajo del de 2023 y 2 % bajo el de 2025. Los datos provisionales de julio y agosto indican una profundización de la tendencia, con descensos de 7,2 % y 7,1 % respectivamente.
En síntesis, la brecha entre salarios y precios de la comida fuera del hogar obliga a los porteños a recortar gastos en restaurantes, evidenciando el impacto directo de la crisis económica en hábitos cotidianos.