El oficialismo respiró aliviado el jueves al mediodía, aunque por poco. La oposición no consiguió reunir el quórum necesario para tratar el rechazo del DNU 70/23 y el mega-decreto que ordenó las bases del gobierno de Javier Milei siguió en pie. La diferencia no fue abrumadora: faltaron diez diputados para que la sesión arrancara. Lo llamativo no es el resultado, sino que en la Casa Rosada no tenían la certeza de cómo iba a terminar hasta horas antes de la votación.
Esa incertidumbre, reconocida por funcionarios de primera línea, describe el estado general de la gestión: un gobierno que avanza sin mapa en un terreno que se vuelve más hostil. Si la oposición hubiera alcanzado el quórum y el decreto caía, el escenario completo podía tambalear. No es un dato menor que el oficialismo haya llegado al día de la sesión sin saber si contaba con un margen cómodo o si perdía la votación.
Los frentes económicos que complican el tablero
La inflación mayorista de septiembre marcó 3,2%, impulsada por el costo de la energía, que después se traslada al resto de los precios. En lo que va de octubre, los alimentos volvieron a subir. La mayoría de los argentinos ya ubica el poder adquisitivo por encima de la inflación entre sus preocupaciones. La decisión del Presidente es no intervenir para aliviar esa situación, pese a las advertencias de su propio entorno sobre los riesgos de sostener esa postura durante el año de gestión que queda.
En el plano financiero, el riesgo país se estacionó por encima de los 600 puntos, con un aumento del 33% en un mes. Las subas más pronunciadas coincidieron con los viajes del presidente y del ministro de Economía a Estados Unidos para reunirse con inversores. Ese es el punto central: mientras el discurso oficial apunta contra la oposición con acusaciones de golpismo, la principal amenaza desestabilizadora llega desde afuera, y no precisamente de Rusia, China o Irán.
La dependencia de Washington como sostén del plan
El Gobierno sostiene su continuidad gracias al respaldo sostenido de Estados Unidos, en el marco de lo que se conoce como "doctrina Donroe". Sin ese apoyo, la gestión ya habría sucumbido, según admiten altos funcionarios. Si Washington retirara ese respaldo ahora, el oficialismo tendría problemas inmediatos para seguir y la reelección se volvería imposible.
La relación quedó expuesta en gestos concretos. A pocas horas de volver de Washington, el presidente tuvo que celebrar una conversación telefónica con el secretario de Estado, Marco Rubio. La naturalización de ese trato desigual entre un mandatario y un ministro extranjero muestra cómo la Argentina, bajo esta dinámica, funciona como un satélite de otro poder. La prueba más clara fue la abstención argentina en la votación de la ONU por la erradicación del colonialismo, en contra de los propios intereses argentinos en las Islas Malvinas.
Un frente interno que se endurece
La represión y el autoritarismo, presentes en el ADN de este gobierno desde el primer día, también se profundizan como tributo a Trump y Rubio, impulsores en el continente de una nueva doctrina de seguridad que criminaliza la disidencia al rumbo. Esa línea de acción considera enemigo a quien no se alinee de manera irrestricta con Estados Unidos.
El Gobierno salvó un match point, pero los problemas que tiene por delante son de resolución difícil. La mayoría son consecuencia de sus propios actos y decisiones. La oposición, mientras tanto, enfrenta el dilema de construir una alternativa real en un escenario donde el oficialismo sigue dependiendo de un apoyo externo que no controla.