Un estudio dirigido por Yousuke Kaifu, del Museo Universitario de la Universidad de Tokio, encontró que la deformación craneal en fósiles de Homo erectus y Homo floresiensis indica que sus bebés probablemente eran tan indefensos como los recién nacidos actuales.
La deformación de ciertos cráneos fósiles sugiere que esos individuos habrían atravesado una etapa neonatal con cuello débil, huesos craneales blandos y poca capacidad para mover la cabeza.
Qué revela la deformación del cráneo
La señal central del estudio es la plagiocefalia deformativa, una condición común en bebés humanos porque nacen menos desarrollados que otros grandes simios. Tienen músculos del cuello débiles, huesos craneales blandos y cerebros que siguen creciendo con rapidez después del nacimiento.
La hipótesis del equipo sostiene que, si una deformación de este tipo puede identificarse en un fósil y se descarta que provenga de una enfermedad o de procesos posteriores al enterramiento, entonces puede funcionar como un indicador de indefensión en la infancia.
Cómo se compararon cráneos humanos, fósiles y grandes simios
El equipo examinó tomografías computarizadas de 123 bebés actuales sanos de entre un día y 17 meses. También incluyó mediciones de cráneos humanos históricos de Japón, fechados entre 200 y 1.000 años atrás, con 385 individuos en total.
La comparación se amplió con cráneos de grandes simios, 996 ejemplares, y con fósiles humanos de Homo erectus y Homo floresiensis. En el primer caso se analizaron 5 fósiles y en el segundo, 1.
Los resultados mostraron que los grandes simios quedan agrupados en un rango más estrecho de deformación craneal. Las muestras humanas, incluidos los fósiles, presentan una variación mucho más amplia en la forma de la cabeza.
La diferencia refuerza la idea de que los humanos arcaicos daban a luz a bebés menos desarrollados al nacer y más dependientes de la precaución de un adulto. La inferencia no describe de forma directa una conducta observada, pero sí abre una ventana a la crianza en la evolución humana.
La investigación sugiere que la indefensión al nacer es una característica antigua de la línea evolutiva humana, lo que implica cuidados intensivos y posibles formas de apoyo social en humanos arcaicos desde hace más de un millón de años.