En el corazón de la provincia de Córdoba, el Valle de Paravachasca se recuperó de los incendios de 2020 gracias a la dedicación de un grupo de voluntarios. La historia de esta transformación comienza con Marta Fontana, una docente y licenciada en Filosofía que se convirtió en una experta en plantas nativas.
El inicio de un sueño
La pasión de Marta Fontana por el monte nativo la llevó a estudiar y capacitarse en reconocimiento de especies y modos de germinación. En 2019, inició un proyecto de forestación con sus alumnos, pero la pandemia y los incendios forestales cambiaron el rumbo de su trabajo. Entonces, se unió con un grupo de voluntarios para proteger el monte y, finalmente, crearon la Fundación Garabato Cuna de Nativas.
Un vivero para el futuro
Con el apoyo de la municipalidad, la ONG logró establecer un vivero en un predio de 500 metros cuadrados, donde construyeron un sombráculo y un invernadero. Allí, producen unas 10.000 semillas por año, incluyendo especies como el Tumiñico, el Durazno y el Garabato. > "El Garabato es poco conocido, pero atrae a los colibríes y tiene un gran valor ornamental", afirma Marta Fontana.
La comunidad se une
La Fundación Garabato Cuna de Nativas cuenta con 25 voluntarios que trabajan juntos para restaurar el monte nativo. Con el asesoramiento de expertos como el ingeniero y biólogo Lucio Capeletti, la ONG sigue creciendo y produciendo resultados positivos. El futuro del Valle de Paravachasca parece más prometedor que nunca, gracias a la dedicación de estos héroes ambientales.