Los agrónomos Victoria Salas y Agustín Sorondo anunciaron que están trabajando para introducir yaks, bovinos de origen himalayo, en la zona patagónica de Argentina con el objetivo de recuperar pastizales erosionados.

"Mi marido es un obsesivo de la Patagonia. Empezó a pensar en todas las zonas que hoy están desérticas y cómo mejorar los pastos", explicó Salas en una entrevista.

El proyecto surge tras descubrir que, en la década de 1990, se utilizó un pequeño grupo de yaks para la filmación de Siete años en el Tíbet en la cordillera de Uspallata, Mendoza. Los animales fueron importados desde Estados Unidos, permanecieron brevemente en la región y luego fueron vendidos a un productor local, que realizó pruebas de cruce con vacas sin continuar el experimento.

Por qué el yak

El yak destaca por su capacidad de desplazarse largas distancias y por transformar fibra vegetal de baja calidad en carne. Posee un rumen amplio y pulmones desarrollados, lo que le permite sobrevivir en climas extremos y a gran altitud.

Otra ventaja es su forma de pastar: corta la hierba sin arrancarla de raíz y evita volver a comer el mismo punto durante mucho tiempo, reduciendo el riesgo de sobrepastoreo.

Lecciones del pasado

Los investigadores revisaron archivos históricos y confirmaron que los yaks previamente introducidos no generaron problemas de parto al cruzarse con razas como Angus o Hereford, gracias a su menor tamaño: los novillos alcanzan alrededor de 300 kilos y los terneros, 120 kilos al destete.

Recorrido por Norteamérica

Para validar su viabilidad, Salas y Sorondo viajaron a Estados Unidos, visitando granjas en Colorado, Montana, Dakota del Norte y Michigan, en la frontera con Canadá. Allí observaron ejemplares que no superaban los 500 kilos, más pequeños y domesticados que sus parientes del sudeste asiático.

Perspectivas y próximos pasos

El plan contempla importar rebaños jóvenes, establecer centros de cría y evaluar la producción de carne y leche. La leche del yak, rica en grasas y proteínas, se asemeja a la de la raza Jersey y podría destinarse a la elaboración de yogur y queso de nicho.

Los agrónomos esperan que, en los próximos años, el yak se convierta en una herramienta sostenible para mejorar la productividad de los pastizales patagónicos y ofrecer una alternativa económica a los ganaderos locales.