En el Parque Avellaneda, un edificio histórico se alza como un recordatorio del pasado. El casco de la estancia Los Remedios, que data del siglo XVII, ha sido adaptado y restaurado para albergar actividades culturales.

Un pasado agrícola

La estancia fue propiedad de las Hermanas de la Santísima Caridad y más tarde de la Sociedad de Beneficencia. En 1828, fue vendida a Domingo Olivera, quien la convirtió en un próspero tambo y molino de trigo. Según Domingo Olivera, "el éxito depende del esfuerzo... el hornero no mira al cielo, trabaja".

Transformación y progreso

Domingo Olivera se dedicó a la plantación sistemática de árboles y realizó profundas perforaciones para obtener agua. Su esposa, Dolores Piriz Olaguer y Feliu, encontró una imagen deteriorada de la Virgen de Los Remedios y prometió restaurarla si las vacas perdidas reaparecían. La chacra se convirtió en un lugar histórico, ya que en 1852, el general Hilario Lagos instaló su cuartel y hospital de sangre durante el Sitio de Buenos Aires.

Un legado que perdura

La estancia fue objeto de sucesivos fraccionamientos y ventas, pero su edificio sigue en pie. En 1914, se inauguró el Parque Olivera, que más tarde se convirtió en el Parque Avellaneda. El casco de la estancia Los Remedios es un testimonio del pasado y un recordatorio de la importancia de preservar nuestra historia.