El Indec publicó el 22 de octubre los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondientes a agosto de 2026. La reacción de buena parte de la prensa fue tratar ese informe como una radiografía del momento, al punto que algunos se preguntaron qué pasaría en septiembre cuando octubre ya estaba terminando. Esa confusión no nace de un error de lectura: es consecuencia directa del retraso con el que se difunden las cifras oficiales.
Frente a ese problema surge una propuesta: que el organismo calcule también un EDAE, un estimador diario de actividad económica que se publique al cierre de cada jornada. La idea tiene defensores y detractores, y el debate sobre su viabilidad viene de lejos en el campo de las cuentas nacionales.
Qué se gana y qué se pierde con un dato al instante
El economista estadounidense Richard Ruggles (1916-2001), considerado uno de los fundadores de las cuentas nacionales de su país, analizó la iniciativa y planteó que primero hay que sopesar beneficios y costos. Entre las ventajas, señaló que permitiría contar con información inmediata, como ya ocurre con el tipo de cambio, el riesgo país o el precio del petróleo.
Su argumento central es que los datos llegan tarde y sirven más para la reconstrucción histórica que para la toma de decisiones. Quien decide, sostuvo, necesita insumos actuales; los rezagados solo le permiten comparar lo que creía mientras los hechos ocurrían con lo que el Indec termina confirmando.
"La información que se conoce con rezagos es más útil para los historiadores que para los decisores", planteó Ruggles.
El costo de medir todos los días
El otro lado de la balanza son los costos de compilación y, sobre todo, la dificultad para interpretar el dato. Un indicador diario captaría situaciones momentáneas que podrían leerse como tendencia, un riesgo que el propio Ruggles advirtió al evaluar la propuesta.
El especialista también recordó cómo evolucionó la medición en la Argentina: el PBI se calculaba con frecuencia anual hasta 1970, cuando comenzaron las estimaciones trimestrales. El EMAE, en cambio, es bastante posterior.
Ruggles construyó su prestigio con métodos poco convencionales. Durante la Segunda Guerra Mundial fotografió y transcribió los números de serie de tanques, camiones y aviones alemanes abandonados en Francia. Al detectar un patrón en esa numeración, logró descifrar los códigos y estimar con precisión el ritmo de producción del Eje. Décadas después, junto a su esposa Nancy Dunlap Ruggles, anticipó el uso de microdatos en las cuentas nacionales.
Un matrimonio que marcó la disciplina
Colegas como James Tobin y Barbara Morry Fraumeni destacaron que Richard y Nancy formaron una dupla inseparable de trabajo. Ambos se especializaron en medición y cuentas nacionales desde el inicio de sus carreras y participaron del Plan Marshall. Nancy murió en un accidente trágico y Richard continuó la tarea pese al golpe personal.
El debate sobre un EDAE queda abierto. Por ahora, el Indec sigue publicando el EMAE con el rezago habitual, y la discusión sobre si conviene o no medir la economía día a día sigue pendiente.