En 2018, el base de los Golden State Warriors, Stephen Curry, confirmó que padecía queratocono, una patología ocular poco frecuente que genera visión borrosa y distorsionada. El diagnóstico llegó mientras el jugador ya había conquistado dos títulos de la NBA.

La alerta del banquillo

Durante un partido visitante ese mismo año, el gerente general del equipo, Bob Myers, notó en la transmisión que Curry mantenía los ojos entrecerrados, como si le costara enfocar la acción.

"Estás con los ojos entrecerrados, ¿te chequeaste los ojos?", recordó Myers.

Tras el mensaje, Curry acudió a un oftalmólogo sin sospechar la gravedad del problema.

Confirmación del queratocono

La consulta reveló queratocono, una deformación progresiva de la córnea. La Academia Americana de Oftalmología indica que la enfermedad es rara, aunque presenta mayor incidencia en personas de raza negra.

"Me dijeron que tenía una condición rara llamada queratocono, que distorsiona la visión", explicó Curry.

Jugar con la visión deteriorada

A pesar de la afección, Curry mantuvo promedios de cerca de 27 puntos por partido, con 50 % de efectividad en tiros de campo y 43 % en triples durante las temporadas 2017‑2018 y 2018‑2019, cuando ya contaba con dos títulos y un MVP unánime (2015‑2016).

Adaptación a los lentes de contacto

Al principio, el jugador se mostró reacio a usar lentes de contacto, creyendo que podía seguir compitiendo con la visión borrosa.

"Era parte de mi trabajo ver el aro aunque estuviera borroso", comentó con humor.

Con el tiempo encontró los lentes adecuados y ahora se somete a controles oftalmológicos cada seis meses; el tratamiento ha reducido su ansiedad sobre el futuro.

Mirada al futuro

Ocho años después, Curry sigue bajo control médico y asegura que la condición ya no limita su desempeño.

"Quiero que la gente vaya a chequearse y tenga esas conversaciones", concluyó.